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CHILPANCINGO, Gro., 01 de abril de 2014.- La explotación minera en Carrizalillo por parte de la empresa canadiense Goldcorp Inc., provocó a los pobladores problemas auditivos, daños respiratorios, padecimientos en los ojos y gastrointestinales, cáncer, partos prematuros y deformidades en recién nacidos.
La transnacional llegó al ejido de Carrizalillo en 1995 y tras 12 años de exploración, inició la explotación en 1997.
A siete años de que Goldcorp Inc. inició la explotación minera, el proyecto Los Filos-El Bermejal se posicionó como el yacimiento de oro más importante del país y de América Latina.
Tan sólo en 2013 se extrajeron 332 mil onzas de oro, con un valor total aproximado de 5 mil 568 millones 576 mil 240 pesos.
Pero la explotación minera de Goldcorp Inc. no sólo dejó ganancias millonarias, también les provocó enfermedades a los habitantes de Carrizalillo.
El proyecto minero Los Filos- El Bermejal se extiende sobre mil 406 hectáreas del ejido, perteneciente al municipio de Eduardo Neri y se compone por los tajos a cielo abierto de El Bermejal y Los Filos, el túnel de extracción subterránea Nukay y un patio de lixiviados.
Diariamente se eliminan en Los Filos 70 mil toneladas métricas de tierra, mediante el uso de explosivos y excavadoras.
Este material se transporta a un sitio cercano donde se utilizan las piscinas de cianuro para extraer el mineral.
El exceso de metales pesados en el aire y el ácido cianhídrico provocaron consecuencias ambientales y de salud graves en la población.
Cuando hacen explosiones en la mina para dinamitar la piedra, el polvo llega al pueblo de Carrizalillo, en el que viven cerca de mil habitantes, integrados en aproximadamente 260 familias.
Metales pesados, sulfuros y ácido cianhídrico entran por ojos, nariz y boca de los pobladores.
Por si fuera poco, diariamente se bañan, cocinan, lavan trastes y consumen agua contaminada con cianuro y arsénico.
De acuerdo al vocero del Consejo de Vigilancia del Comisariado Ejidal de Carrizalillo, Julio Peña Celso, dentro de algunos años los habitantes tendrán que abandonar el pueblo a causa de la contaminación provocada por la extracción minera.
“Dentro de poco Carrizalillo no será más que un pueblo fantasma, conforme se agraven los problemas de salud la gente se tendrá que ir”, lamentó en entrevista.
La exposición al polvo tóxico es permanente, ya que la actividad de la mina abarca las 24 horas del día.
Daños respiratorios, silicosis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, afectaciones nerviosas, gastrointestinales, motrices, dermatológicas, oculares, auditivas, cáncer, partos prematuros, malformaciones congénitas y abortos son los principales problemas de salud que registra la población, por el contacto con las sustancias tóxicas de la mina.
Entre los casos documentados está el de Petra Maturana Celso, esposa de un trabajador minero.
Su primer hijo nació con craneosinostosis, una alteración congénita en la que se produce el cierre prematuro de una o más de las suturas que separan los huesos del cráneo de un bebé; con dos años y medio no podía caminar bien ni hablar.
El segundo bebé de la pareja nació prematuramente, a los ochos meses de gestación.
Otro caso es el de Carlos Rodríguez Celso, habitante de Carrizalillo, quien estuvo casi tres años con problemas en la vista, hasta que la perdió completamente en uno de sus ojos.
El agua, de por sí escasa y sucia desde hace mucho en Carrizalillo, también experimenta los estragos de la mina.
Desde el 2007, año en que Goldcorp Inc. inició la explotación, desaparecieron siete manantiales que abastecían de agua al pueblo.
El vocero del Consejo de Vigilancia de los ejidatarios, Julio Peña Celso, recordó que hace año y medio firmaron un convenio con la transnacional.
En el convenio le cedieron a la minera el último manantial, para que ésta extendiera su patio de lixiviado.
En cambio, Goldcorp Inc. se comprometió a construir un sistema de agua potable segura y libre de contaminantes para abastecer a la población.
A casi dos años de este convenio, la empresa únicamente perforó pozos para la extracción de agua, pero no construyó el sistema que prometió.
Tras percatarse de la proliferación de varias enfermedades, los ejidatarios realizaron un análisis del agua de los pozos que perforó Goldcorp Inc.
Este estudio se realizó en un laboratorio certificado de Italia y reveló concentraciones mortales de arsénico y cianuro.
Diariamente los pobladores de Carrizalillo se duchan, lavan los dientes, cocinan y consumen esta agua tóxica.
Desde el año pasado, los ejidatarios crearon un fondo para realizar análisis clínicos a la población y determinar el daño a la salud.
Este año realizarán análisis de sangre a una muestra significativa de 100 pobladores, para demostrar los padecimientos que sufren a causa de la minera.
Pero no sólo los seres humanos padecen la contaminación provocada por la extracción minera; la fauna que habitaba en la zona huyó del ambiente tóxico.
A los cerros de este municipio ya no llegan aves migratorias, ni venados, ni conejos, ni ninguna especie que era común en el lugar antes de la llegada de la minera canadiense Goldcorp Inc.
El ganado de los habitantes de Carrizalillo también se dio a la fuga, mientras que al menos 50 vacas y burros murieron en las cercanías del patio de lixiviado.
De acuerdo a Peña Celso, los trabajadores de la mina sepultan a los animales para que los pobladores no se alarmen por la toxicidad.
“Estamos arrepentidos de haber permitido la explotación minera, ahora queremos que Goldcorp se haga responsable del daño que ya hizo”, dijo Julio Peña Celso.
A pesar de los daños, reconoció que los ejidatarios no quieren que la transnacional abandone Carrizalillo.
“Ahora queremos que se haga responsable, nos perjudicaría más que se fueran y dejaran el daño, no queremos que se vayan, sí queremos minería pero queremos que nos paguen lo justo y que si hay un problema de salud se hagan cargo… no queremos que se vayan, queremos que traten de arreglar el daño que ya causaron”, expresó.
En la zona el paisaje ha cambiado. Para cuando la empresa termine de extraer el oro, los cerros habrán desaparecido.