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Hoja verde
El Estado de Heracles
El presidente Enrique Peña Nieto, y su partido, el PRI, no sabemos si por estrategia electoral, o por la tan esperada atención al reclamo de la mayoría de los mexicanos, está encarcelando a los exgobernadores corruptos, el más reciente, el veracruzano Javier Duarte de Ochoa, aprehendido en Guatemala, con la colaboración de la policía de ese país vecino y hermano.
Antes se encarceló a Andrés Granier, exgobernador de Tabasco, preso desde noviembre del 2013 por desvío de dos mil seiscientos millones de pesos; Guillermo Padrés Elías, exgobernador de Sonora, preso desde noviembre de 2016 por defraudación fiscal y lavado de dinero; Jesús Reyes, de Michoacán, preso desde el 4 de abril del 2014; Flavino Ríos, ex interino de Veracruz, detenido en marzo pasado y con arresto domiciliario; Tomás Yarrington, de Tamaulipas, detenido en Italia el 9 de abril pasado, y que como con Duarte de Ochoa, la SRE pedirá su extradición en un plazo no mayor a los sesenta días.
Prófugo de la justicia, el exgobernador de Chihuahua, César Duarte, por quien a interpol emitió ya ficha roja en su contra.
Rodrigo Medina, exgobernador de Nuevo León, fue detenido por la presunción de corrupción, pero un juez lo dejó libre, empero, sigue bajo investigación.
El hartazgo de la ciudadanía por la creciente corrupción que impera entre muchos de los políticos y funcionarios, y a la que no son ajenos algunos legisladores, munícipes y miembros del poder judicial y de las procuradurías o fiscalías, tanto locales como federales, es señal inequívoca de una aún reversible descomposición social.
La inseguridad, propiciada por el llamado crimen organizado, es también un mal exacerbado que sufre la ciudadanía. No es descabellado aventurarse a decir que es la corrupción que surge del sector público la que posibilitó el crecimiento incontrolable de los carteles del narcotráfico, ya atomizados, como en el caso del estado de Guerrero, en donde los secuestradores, cobradores de piso y sicarios, se han convertido en una Hidra de Lerna, la policéfala monstruosidad capaz de regenerar dos cabezas por cada una que se le cortara, hasta que Heracles (Hércules) le dio muerte.
El Heracles nuestro debe ser el mismo Estado mexicano, con un gobierno depurador y renovador moral.
Al parecer, Enrique Peña Nieto, el PRI y los inefables poderes fácticos, ya sea por estrategia electoral o por la supradicha atención al reclamo de la mayoría de los mexicanos, iniciaron la lucha contra el crimen y la corrupción.
Bienvenida esa acción, que debe ser apoyada por los mexicanos que queremos un mejor un país.
Acción que debe extenderse a todos los estados y municipios.
Si esto se hace, en breve iniciaremos la marcha hacia el progreso, y seremos un país que por creer en sí mismo abandonará el estatus de estado fallido.