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OMETEPEC, Gro., 6 de enero de 2024.- Con motivo de la emocionante tradición, niños de este municipio personificaron a los venerados Santos Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltazar y llevaron consigo la magia de la celebración mientras repartían miles de juguetes a lo largo de la calle Vicente Guerrero.
El recorrido a caballo, un espectáculo que ya se ha vuelto emblemático en la ciudad, atrajo a decenas de personas de todas las edades que se congregaron a lo largo de la vialidad para disfrutar del festivo desfile. Niños, jóvenes y adultos, tanto mujeres como hombres, se divirtieron luchando por atrapar los obsequios que los pequeños Reyes Magos lanzaban a la concurrencia. Juguetes, trastes de plástico, dulces y pelotas volaron por el aire, creando un ambiente festivo y lleno de alegría.
La celebración incluyó la participación de aproximadamente 35 capillas de Ometepec, cada una representada por sus propios Reyes Magos, pastoras, pastores y mujeres cantoras denominadas estrofas. Las peregrinaciones partieron desde la capilla del barrio de San Nicolás, recorriendo la calle Vicente Guerrero hasta llegar a sus respectivas capillas en los diversos barrios de la ciudad.
En el barrio de San Nicolás, una tradición arraigada desde hace 25 años, los descendientes del extinto matrimonio conformado por María Melo González y Miguel Sandoval Leyva llevaron a cabo la peculiar costumbre de arrojar miles de juguetes desde una azotea durante aproximadamente 30 minutos. La multitud que se agrupó y recibió con entusiasmo esta generosa muestra de devoción al Niño Dios y a los Reyes Magos.
Este año, se observó un cambio en la tradición, ya que algunos niños Reyes Magos optaron por hacer el recorrido en la batea de camionetas en lugar de a caballo, una elección que generó críticas entre algunos asistentes. A pesar de ello, la diversidad en la forma de llevar a cabo la celebración no disminuyó la alegría compartida por la comunidad.
En cuanto a la elección de algunos niños de no montar a caballo, un padre mencionó que solicitó prestado un caballo para su hijo, pero prefirió que no montara debido a la naturaleza briosa del animal.
La festividad continuó y la esencia de la celebración se mantuvo viva en el corazón de la comunidad ometepequense.