Tras doce años de desconocer el paradero de su esposo y de luchar contra la burocracia de las autoridades en su exigencia de justicia, Enedina Cervantes Salgado continúa dignamente en la batalla.

La mañana del jueves 19 de diciembre viajó a Chilpancingo acompañada de sus hijos Julieta y Ricardo.

A las 10 horas, llegó al auditorio del Instituto de Formación Profesional de la Procuraduría General de Justicia y con sus hijos se sentó al frente, en la mesa de mantel verde, al lado de funcionarios de los gobiernos federal y estatal.

Tras de ella, en una lona blanca se leía: “Acto público de reconocimiento de responsabilidad del Estado mexicano en el caso de Faustino Jiménez Álvarez”.

Al evento acudieron el procurador general de Justicia de Guerrero, Iñaky Blanco Cabrera; la subsecretaria de Derechos Humanos del gobierno federal, Lía Limón García; el subsecretario de Desarrollo Político estatal, Misael Medrano Baza y el director general de la Policía Ministerial del estado, Marcos Esteban Juárez Escalera.

También acudieron las personas que ayudaron a Enedina en su lucha de 12 años: sus familiares y el director del Centro de Derecho Humanos, Miguel Agustín Pro Juárez, José Rosario Marroquín.

El primero en tomar la palabra fue Medrano Baza.

“El motivo por el cual nos encontramos reunidos obedece al compromiso de llevar a cabo una disculpa pública a los familiares del señor Faustino Jiménez Álvarez, haciendo el reconocimiento de los hechos y actos, así como acordar medidas de reparación del daño, su forma de cumplimiento y supervisión al acuerdo de solución amistosa en el caso 12.610 de la Comisión Interamericana por motivo de la desaparición forzada del señor Jiménez Álvarez”, inició su discurso.

Continuó: “El gobierno del estado que encabeza ángel Aguirre Rivero ha reconocido su responsabilidad en el caso y está obligado a continuar con la investigación y sancionar a los responsable, así mismo, como atender a las víctimas y garantizarles sus derechos”.

Tras asegurar que el gobierno de Guerrero tiene un compromiso moral con las víctimas y que se respetarán siempre sus derechos, inició una serie de aplausos iniciados por los mismos representantes del gobierno.

Ni Enedina, ni sus hijos se sumaron a los aplausos, en cambio, miraron apacibles, con los brazos entrecruzados, mientras los funcionarios terminaban su festejo.

Tras los aplausos, el moderador del acto llamó a Enedina Cervantes Salgado a tomar la palabra.

En un principio, su rostro se llenó de dudas y temor, ante un auditorio repleto de personas a las que desconocía.

Pero segundos después se levantó de su silla como si un resorte la impulsara y caminó firme hasta el estrado.

“Esto no borra ni cambia lo que hicieron, su disculpa no le quita el dolor ni el sufrimiento a mis hijos”, expresó con tono de reproche.

Continuó: “Es algo que a mí y a mis hijos nos marcó la vida, ha sido muy difícil salir de todo, cuando los judiciales se llevaron a mi marido, eso lo tenemos presente, lo tenemos grabado, la manera tan cruel en que se llevaron al padre de mis hijos”.

“Toqué varias puertas exigiendo justicia y me las cerraban, nosotros no le hicimos daño a nadie, mi esposo tampoco y tan sólo de imaginar qué le hicieron, dónde está, dónde lo dejaron… Nadie me daba una explicación y tenía que llegar a mi casa todos los días sin una respuesta para mis hijos que preguntaban en dónde estaba su papá”, al terminar la frase, Enedina Cervantes rompió en llanto.

Los funcionarios que segundos atrás aplaudían y celebraban la “disposición del gobierno estatal por defender los derechos humanos”, ahora guardaban silencio ante una mujer que lloraba por la desaparición de su esposo a mano de cinco judiciales y la falta de justicia porque las autoridades encargadas no resolvieron el caso.

Enedina detuvo sus palabras, agachó la cabeza y se recargó en el estrado… Ya no pudo contener el llanto y los sollozos.

Unos segundos después, levanto nuevamente la mirada y se dirigió a los funcionarios que observaban en silencio.

“Han pasado 12 años y aún mantengo la esperanza de que mi esposo regrese a casa algún día, al lado de sus hijos”, dijo.

También aprovechó el momento para pedir al Estado que ya no se repitan casos como los de su marido.

“Hagan lo posible porque ya no haya más muertes, más desapariciones, más hijos sin padres, más familias que sufren como la nuestra”, exigió elevando la voz.

Reconoció que aún siente temor de que su familia sufra algún daño, ya que durante los últimos años, desde que inició su exigencia de justicia, denunció a varios funcionarios y personas involucradas en la desaparición forzada de su esposo.

“Tengo temor, me da miedo que le hagan daño a mis hijos, pero después de tantos años aquí sigo, exigiendo una justicia que aún no llega”, lamentó.

Por ello, responsabilizó al Estado de cualquier daño o atentado que sufran ella o sus hijos.

La esposa de Faustino Jiménez Álvarez también reprochó que a 12 años de que los judiciales allanaron su hogar y se llevaron a su marido, aún no se ejecutan las órdenes de aprehensión en contra de dichos elementos ni de los funcionarios involucrados.

“Esto no se lo deseo a nadie, es un dolor que carcome el alma, es odio y dolor a la vez que te impulsa a seguir en la búsqueda de la justicia”, concluyó con llanto su discurso.

Una vez más hubo aplausos.

Fue entonces el turno del titular de la Procuraduría General de Justicia (PGJ), Iñaky Blanco Cabrera.

“El día de hoy estamos reunidos para llevar a cabo el acto público de reconocimiento de responsabilidad del Estado mexicano por la desaparición forzada del señor Faustino Jiménez Álvarez”, inició su discurso, plasmado en varias hojas.

El procurador relató la desaparición de Faustino y las acciones de su familia en el proceso de búsqueda y exigencia de justicia.

En tan sólo cinco minutos, el funcionario rememoró los últimos 12 años de la vida de Enedina.

“El día de hoy me corresponde asumir, en nombre y representación del Estado, el enorme compromiso de referirme a este hecho trágico, por demás lamentable y repudiable en todos los aspectos, acontecido el 17 de junio de 2001, cuando el señor Faustino Jiménez Álvarez fue privado de su libertad por parte de elementos de la entonces Policía Judicial del Estado de Guerrero, sin que a la fecha se conozca su paradero”, continúo Blanco Cabrera en su discurso.

Aseguró que instruyó a todo el personal de la PGJ a redoblar esfuerzos en las investigaciones del caso.

“La Procuraduría General de Justicia no tolerará que sus integrantes perpetren actos que laceren a las personas y a sus familias”, aseveró mientras leía el discurso previamente redactado,

Continuó: “El Estado reconoce que el señor Faustino Jiménez Álvarez fue víctima de una grave violación a sus derechos humanos, tras ser detenido por agentes de la extinta Policía Judicial. Aún cuando se ha trabajado en el asunto, diversos factores han impedido que logremos ubicar el paradero de la víctima, sin embargo, asumimos el ineludible compromiso de continuar en su búsqueda”.

Blanco Cabrera aseguró que con el acto público, el Estado mexicano no sólo reconocía su responsabilidad en la desaparición de Faustino Jiménez Álvarez, sino también por la vulneración a la integridad sicológica de los familiares.

“Por ello, en nombre del Estado mexicano y de la sociedad, señora Enedina Cervantes Salgado, Julieta y Ricardo, les ofrezco una sincera disculpa por el daño que se ha ocasionado con la desaparición forzada del señor Faustino Jiménez Álvarez”, dijo en el estrado sin voltear su vista hacia las víctimas.

Ni Enedina, ni sus hijos, levantaron la mirada cuando el Estado les pidió disculpas por desaparecer a quien fue esposo y padre.

Aún sin lograr la anhelada justicia, el procurador pidió a Enedina y sus hijos: “Es hora del perdón y la reconciliación”, palabras que no fueron tomadas en cuenta.

Con una serie de aplausos de los funcionarios (a los que no se sumaron las víctimas), Iñaky Blanco Cabrera terminó su intervención.

Entonces fue el turno de José González Marroquín, director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, en su calidad de representante de las víctimas.

“Durante todos estos años hemos sido testigos de la lucha de Enedina y sus hijos Julieta y Ricardo, de cómo han mantenido la dignidad y no se han dejado doblegar por la ineficiencia ni por los obstáculos que han encontrado al acudir a las instancias que deberían garantizar su vida, su libertad y su integridad, así como la vida, la libertad y la integridad de Faustino Jiménez”, expresó.

Subrayó que el acto público de reconocimiento de responsabilidad del Estado mexicano, en la desaparición de Faustino es “un paso más” en la búsqueda de justicia, pero no es la culminación del proceso.

La última en tomar la palabra fue la subsecretaria de Derechos Humanos, Lía Limón García, quien únicamente hizo referencia a las leyes y reformas impulsadas por el presidente Enrique Peña Nieto y aseguró que cada día se está más cerca de la justicia y la garantía de los derechos humanos, gracias a las acciones del gobierno federal.

Al término del acto, Enedina y sus hijos se retiraron, bajo la consigna de que las disculpas no son suficientes mientras su esposo y sus hijos no tengan justicia.