CHILPANCINGO, Gro., 28 de febrero de 2016.- A casi dos años y seis meses de la devastación que dejó la tormenta tropical Manuel y el huracán Ingrid en septiembre de 2013 -con más de miles de familias damnificadas por la destrucción de casas–, existe retraso en las obras de reconstrucción de viviendas y reubicación de familias afectadas, a pesar que el gobierno federal afirma que hay avances.
Tras el paso de Manuel e Ingrid, el gobierno federal anunció el Plan de reconstrucción Nuevo Guerrero con una inversión superior a 67 mil millones de pesos, para ejercerse entre 2014 y 2018.
En octubre de 2013 el gobierno de Chilpancingo entregó al Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden) la propuesta de obra pública que se requería para la reconstrucción del municipio, atención de viviendas, escuelas, caminos, vialidades principales, agua potable y drenaje, el  cual el monto en aquella ocasión fue de 2 mil millones de pesos.
En la propuesta fueron consideradas 5 mil 981 casas; 4 mil 313 presentaron inundaciones y mil 578 con daño parcial o total. La reubicación de viviendas serian para mil 460 familias en la zona rural y mil 337 en la zona urbana.
La Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) decidió que las nuevas casas para las familias afectadas por las lluvias, estarían en un predio transformado de un cerro al sur de Chilpancingo, al cual denominaron El Mirador.
La dependencia aseguró que el gobierno federal construirá las viviendas, y el gobierno de Chilpancingo, el  responsable de llevar los servicios al predio.
Pero hasta la fecha,  existen familias que siguen esperando las promesas, mientras que otras lidian con personas que se han adueñado de sus casas.
Sabina Ramos Cilio, es una señora de 80 años que los fenómenos naturales del 2013, la dejaron sin casa. El gobierno federal le prometió un nuevo hogar. Hace 15 días le entregaron las llaves de su nuevo domicilio en El Mirador, pero no puede ingresar porque su vivienda ya está en manos de otras personas.
 Sabina Ramos es una mujer menudita, pelo blanco con problemas auditivos y también de la  vista.
A sus 80 años aun trabaja para vivir, recolecta envases y botes de aluminio por las calles de Chilpancingo, de donde llega obtener 50 pesos cada tercer día, es decir 150 pesos a la semana, su único sustento.
Antes del 2013, recordó que en los años ochenta adquirió un predio en las  orillas del rio Huacapan en la colonia El Amate. El Ayuntamiento nunca le dio servicios de agua potable ni drenaje, pero aun así le cobraba predial.
Los días 14, 15 y 16 de  septiembre de 2013 cambiaron la vida a Sabina, ella junto a su hija y sus dos nietos, tuvieron que salir de casa, de lo contrario, la creciente del rio los arrollaría.  
El agua arrasó con su vivienda que había edificado tras muchos años de trabajo. Muebles y electrodomésticos; camas, roperos, televisión, sillas, estufa, trastes de cocina, y demás cosas se los llevo la corriente.
Sabina al igual que 70 familias de la colonia El Amate y María Dolores  fueron trasladados al refugio temporal Instituto del Deporte de Guerrero (Indeg),  ahí, Sabina con sus dos nietos permanecieron meses.
Decidieron regresar a su casa damnificada, porque les dijeron que con la reparación de los daños que dejo el rio su casa desaparecería. “Mi nueva casa que me prometieron no la tengo, y luego mi única casa desaparecerá entonces ¿Con qué me quedo? Nos regresamos”, dijo
Con la ayuda de otros vecinos que también regresaron, Sabina volvió a reconstruir su casa, le regalaron sillas, cobijas y demás utensilios.  Al principio pertenecía  a la Coordinadora de Colonias y Comunidades Afectadas por el Río Huacapa y sus Afluentes (Cocoarha), pero dejo de ser parte, dijo, porque los coordinadores le pedían entre 300 ò 500 pesos de cooperación.
Hace 15 días que Sabina recibo las llaves de su casa en El Mirador,  pero cuando llegó a ella “varias personas entre hombres y mujeres” le impidieron que ingresara. Su casa se encuentra ocupada por otras gentes.
Pero esta situación no es propia de Sabina, de las 70 familias damnificadas de El Amate y María Dolores, sólo seis viven en El Mirador. Las familias que están si viviendas, aseguran que son tres manzanas invadidas en El Mirador,  la 3, 4 y 5.
El mismo caso de Sabina es el de Elías Alonso Cuenta, quien apenas la semana pasada (el jueves) acudió a su casa en El Mirador, y estaba habitada. “Uno va con las llaves que nos dio Sedatu, pero ahí tienen su propio cerrajero un alto gordo, quien cambia las chapas de todas las casas”, explicó.
Las familias beneficiadas calculan que son cerca de 130 familias que habitan de manera irregular los hogares en el predio El Mirador.  Esta situación ya se la han hecho saber al delegado de la Sedatu en Guerrero, José Manuel Armenta Tello a quien señalan que no ha mostrado interés por desalojar a las familias irregulares que permanecen en las casas.
De acuerdo con los vecinos damnificados, la dirección Jurídica de la Sedatu, les ha manifestado que el proceso del desalojo será con intervención de  la Procuraduría General de la República (PGR), pero hasta la fecha se desconoce cuándo.  Mientras se resuelve, familias como doña Sabina viven bajo sus casas reconstruidas, con grandes carencias a una vivienda digna.