Un fenómeno comienza a surgir a la luz de los resultados de las elecciones celebradas hace unas horas: los partidos hegemónicos que dominaban la política de los principales estados comienzan a fragmentarse ante el cansancio de los ciudadanos que no ven resultados al votar por quienes tienen toda la infraestructura para gobernar.

En un clima de incertidumbre, y con violencia focalizada prácticamente en los estados de Guerrero y Oaxaca se llevaron a cabo los comicios más amenazados,cuestionados, violentos y discutidos de los últimos años en nuestro país. Lo que parecía una jornada electoral con protestas, violencia y enfrentamientos, termino siendo una jornada cívica de paz (con la excepción de las dos entidades mencionadas) en todo el país, con un nivel de participación que rondo el 47% la mejor de las últimas elecciones intermedias del país.

Y cuál es el balance que podemos hacer del 7 de junio. Que el voto de castigo a los partidos políticos fue la tónica de las elecciones celebradas este domingo 7. Según los resultados preliminares (PREP) ofrecidos por los organismos electorales locales, 5 de 9 elecciones para renovar gobernadores muestran tendencias claras a la alternancia. La maquinaria de los partidos no pudo retener el poder en Nuevo León, Sonora, Michoacán, Guerrero y Querétaro.

Nuevo León es el ejemplo más dramático de cómo el PRI perdió la elección estando un político tricolor en la gubernatura. Con 99.5 de las casillas computadas, Jesús Rodríguez “El Bronco” obtuvo prácticamente la mitad de los votos totales de la elección con 49 por ciento de la intención de voto, le sigue la candidata de la coalición PRI-PVEM-Panal, Ivonne Álvarez, con 24 por ciento y el candidato panista Felipe de Jesús Cantú con el 23 por ciento.

Otro estado en el que se dibujó la derrota al tricolor es Michoacán, donde Silvano Aureoles, candidato del PRD-PT, aventaja con el 95.7 por ciento según el PREP. Le sigue el candidato del PRI-PVEM Ascención Orihuela, con 8 puntos porcentuales menos y en tercer lugar la candidata panista Luisa María Calderón, con el 24 por ciento de los votos.

La tercer derrota priista se registra en Querétaro, donde el actual gobernador José Calzada Rovirosa entregará, de seguir la tendencia que el PREP muestra actualmente, el cargo al panista Francisco Domínguez Servín, quien aventaja con el 47 por ciento de los votos, seguido del priista Roberto Loyola Vera, con el 40 por ciento. El descalabro para el PAN se llama Sonora: la candidata priista Claudia Pavlovich aventaja con el 47 por ciento de los votos que arroja el PREP estatal, seguido del candidato panista Javier Gándara, quien tiene 41 por ciento.

En Guerrero se le complicó al PRD. Según el PREP del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, el candidato del PRI-PVEM Héctor Astudillo aventaja la elección con 36 por ciento de los votos computados al momento, seguido de Beatriz Mojica del PRD, quien le sigue los pasos con el 30 por ciento.

Las elecciones que mantienen un margen cerrado son las de Colima y San Luis Potosí. Entre los candidatos Sonia Mendoza del PAN y Juan Manuel Carreras del PRI-PVEM-Panal existe una diferencia de 2 por ciento a favor de este último con el 98.7 por ciento de las actas computadas. En Colima el panista Jorge Luis Preciado tiene 39.66 por ciento de los votos según el PREP, y el priista José Ignacio Peralta tiene el 40.01 por ciento, esto es una diferencia de apenas 1 por ciento con el 98 por ciento del PREP completado. En ambas contiendas por lo cerrado de la diferencia, se prevé la judicialización de los mismos, y contar voto por voto.

El desarrollo y los resultados de la jornada electoral del domingo no podrían haber sido mejores: un escenario donde se amplían el pluralismo y las distintas opciones; donde, más allá de triunfos y derrotas, nadie pierde todo y nadie gana todo; donde es notable la derrota política y social de los grupos violentos y donde la apuesta por el pluralismo, pero también por la gobernabilidad, es evidente.

Las elecciones confirmaron la existencia de un nuevo escenario político, con diferentes equilibrios, mayorías, grupos emergentes, un escenario que, por sobre todas las cosas, obliga a cambios profundos en los gobiernos y en la forma de gobernar, pero también en los partidos y hasta en la recién estrenada ley electoral.

En Guerrero, el compromiso de Héctor Astudillo es comenzar a pacificar y tranquilizar a la entidad y sobre todo la seguridad de los habitantes. Tender puentes con operadores políticos con oficio y con ayuda de la federación reactivar la economía para redimensionar la vida cotidiana de los guerrerenses, tan afectada en los últimos años.

ES CUANTO