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IGUALA, Gro., 3 de mayo de 2015.- Dentro del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala, los conocidos como Can 1, Can 2 y Can 3 buscan a dos sobrinos, un hijo y un hermano secuestrado por quien pedían 300 mil pesos, publicó hoy Zócalo Saltillo.
Asesorados por PGR, la familia nunca pagó el rescate porque los secuestradores no presentaron pruebas de vida.
En reunión del grupo en terrenos de la iglesia de San Gerardo, narraron que han puesto nombres a las distintas áreas que exploran: ‘El Tigre’, ‘El Maizal’, ‘El Maizal 2’ y el ‘Cerro de los Secuestrados’.
“Es el de los secuestrados porque los encontramos con las manos atadas. Encontramos donde les quitan los zapatos, donde ves que abandonan la ropa”, cuenta Mario, quien carga un gancho de fierro en el pantalón en caso que algún día lo desaparezcan y lo entierren.
En el cerro buscan donde la tierra se ve recién removida, donde la vegetación cambia de pronto o donde la tierra difiere de características. Caminan lento por el terreno, con los ojos bien abiertos, alertas a cualquier pista.
“Acá encuentras fosas preparadas sin cuerpos, que ya las hicieron nomás para echarlos. ¿Qué tanta maldad tienen en la cabeza?”, dice a su vez Adriana Bahena, joven mujer que perdió a su esposo.
“Los cuerpos están brotando, así como brotan las hojas y brotan los árboles y las semillitas después de germinar, están brotando los restos en Iguala.”
Cada domingo, de 40 a 50 personas acompañan a ‘Los Canes’. Como Carmen Abarca, cuyo esposo Saturno Giles desapareció el 8 de marzo de 2014.
Al no reportarse el elemento de la Policía Municipal de Iguala, sus hijas y esposa comenzaron a buscarlo en hospitales, en el Semefo y en carreteras.
Un día después, Carmen recibió la última llamada de Saturno. “Le dije: ‘hijo, ¿dónde estás?’ Y me respondió: ‘sí hija, estoy bien, no te preocupes. Sólo estamos aclarando unas cuestiones para irme a la casa’” recuerda.
Antes que le arrebataran el teléfono, Saturno prometió regresar a casa el día siguiente. Los hechos fueron reportados al 27 Batallón de Infantería y al Ministerio Público de Iguala, sin embargo, Carmen acusa que no fueron a buscarlo.
Se unió a la búsqueda de fosas después que autoridades encontraran cuerpos en la colonia San Miguelito. Si no son los estudiantes, pensó, pertenecen a alguna otra familia.
“Es un martirio porque dijera uno ya lo mataron, ya tienes tu cuerpo: sepúltalo y se acabó. Pero no sabes dónde acabó, dónde lo dejaron.”
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