CHILPANCINGO, Gro., 15 de abril de 2015.- Los autodefensas del Frente Unido por la Seguridad y el Desarrollo de Guerrero (FUSDEG) robaron 410 mil pesos y varias alhajas a Margarita Carbajal Valadez, de 73 años.

La mujer relató que el 30 de marzo invitaron a sus vecinos y a los policías ciudadanos de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), de San Juan del Reparo, a una reunión y cena para conmemorar dos años de la muerte de su hijo Guadalupe Quiñones Carbajal, comunitario asesinado por la delincuencia en Tierra Colorada.

Alrededor de las nueve de la noche llegaron varias camionetas del FUSDEG, con hombres armados con rifles de alto poder.

La mujer recuerda que ella, su esposo Juan Quiñones, un adolescente y otras 11 mujeres estaban dentro de la casa, servían la cena para los invitados, cuando escucharon balazos en la calle.

Según Margarita, los autodefensas del FUSDEG balearon su casa, irrumpieron en ella y se los llevaron detenidos a todos con amenazas de muerte.

“Nos sacaron cuando estaban los balazos. El mero que estaba tirando era Romualdo Santiago, se supone que él es nuestro compadre, nosotros le llevamos una niña al bautismo. Le gritamos que éramos puras mujeres y con malas palabras nos dijo que nos saliéramos de la casa y que nos fuéramos para la comisaría. También estaba un señor gordo de Petaquillas y otros dos señores que nos apuntaban con las pistolas.”

Al llegar a la comisaría, los hombres armados las sentaron en el piso, donde las amenazaron con las armas.

Después llevaron a más de 40 hombres del pueblo, entre ellos su esposo Juan Quiñones, también de 73 años; los amarraron, los sentaron en el piso frente a ellas, los golpearon y los amenazaron de muerte con los rifles de alto poder.

Después de un rato, el FUSDEG sacó a los secuestrados a la calle, los volvieron a golpear y los subieron a una camioneta.

Doña Margarita contó que también se llevarían a las mujeres: “ya nos habían subido a una camioneta, pero un señor dijo que nos bajáramos, que nosotras no porque éramos mujeres, pero el señor de Petaquillas dijo que no, que también nos llevaran a nosotras, que nos iban a usar como carnada. Nos bajamos de la camioneta y sólo se llevaron a una señora de Tierra Colorada”.

Las mujeres regresaron a la comisaría y las mantuvieron ilegalmente privadas de la libertad durante tres días.

Durante el encierro, doña Margarita pensó que su esposo Juan había sido asesinado por los autodefensas del FUSDEG. La única opción para salir del cautiverio y buscar a su marido era firmar una hoja en blanco.

“Yo no quería firmar esa hoja, pero otra señora me dijo que firmáramos para que pudiéramos salir a ver dónde tenían a nuestros maridos, a ver cómo los tenían y qué les harían.”

Durante el tiempo que estuvo encerrada, doña Margarita le pidió al comisario de San Juan del Reparo, Omar Santiago Salmerón, que le permitiera salir a revisar su casa porque “tenía mucho que perder”.

“Tenía yo dinero que iba a echar la losa en casa de mi hijo. Tenía varias alhajas que me habían regalado mis hijos que están en el norte.”

Cuando la dejaron en libertad pidió al comisario que la acompañara a su casa para corroborar que todo estuviera en su lugar, pero él se negó y en cambio mandó a un asistente.

La mujer llegó a su casa y la encontró completamente revuelta, con la ropa afuera de los roperos, los cajones volteados, todo tirado en el piso.

El FUSDEG se llevó los 410 mil pesos que su hijo le había mandado de Estados Unidos para el colado de su casa, el celular de su esposo Juan y todas las alhajas que le regalaron sus demás hijos.

Margarita regresó con el comisario y denunció el robo, pero él le respondió que se lavaba las manos, a pesar de ser también integrante del FUSDEG.

Después de lo ocurrido, doña Margarita y su esposo se fueron unos días a Las Mesas, para que él recibiera atención médica por todos los golpes que le propinó el grupo armado. Después regresaron a su casa, en San Juan del Reparo.

“Le digo a mi esposo que me siento mal, no quisiera estar aquí por el miedo, porque nos pasó bien feo. Pero él dice que no, que él no ha matado, no ha hecho nada, que por qué nos vamos a ir. Y ni modo, él no se quiere ir, lo voy a acompañar.”

Ella y su esposo Juan Quiñones son campesinos. Él además es policía del Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadana de la UPOEG.