Cerramos el año 2014 con noticias de políticos bajo sospecha de corrupción, crímenes sin aclarar y una economía tambaleante, que hace recordar a aquel famoso error de diciembre de hace 20 años, con Zedillo comenzando su periplo sexenal que le costó al país miles de millones de pesos.

 

Otro año para México, sin capacidad para resolver nuestros principales males como sociedad y Estado. 2014 fue un año que comenzó con enormes expectativas del país que siempre hemos anhelado. Un país de progreso y modernidad y con capacidades de resolver los principales problemas de pobreza y desigualdad y desterrar el cáncer de la corrupción y la impunidad.

 

Un año que comenzó con la aprobación de reformas estructurales en tema fundamentales para el propósito antes señalado, en temas energéticos, de telecomunicaciones, educativo y fiscal y que termina con una violencia desbordada, derechos humanos pisoteados, violencia social exacerbada y una tolerancia gubernamental que pasma a la sociedad civil.

 

Termina el 2014, con un gobierno federal inmerso en una brutal crisis de credibilidad. La sospecha de que los viejos “usos y costumbres” de corrupción priista se estén reinstalando lo ha minado. Como país estamos atrapados en una legislación confusa que no garantiza a los ciudadanos ni a los servidores públicos sus respectivos derechos. Por un lado, los derechos de los ciudadanos de poder estar ciertos de que los servidores públicos no utilizan su posición para lucrar con el poder. Del lado de los servidores públicos, el ser capaces de acreditar un patrimonio bien habido, sin exponerse a las intrigas y sospechas y también en términos de seguridad.

 

Analizando la distribución del ingreso y dada su brutal inequidad de México, un patrimonio que en otro país sería mediano, común, en nuestro país es ofensivo. Los estudios muestran que en lo general los mexicanos piensan que sus compatriotas que acumularon un patrimonio tuvieron que haber cruzado por el pantano de la corrupción. Habiendo mucho de cierto en esto, sobre todo en ciertas épocas de la historia, también está la otra posibilidad. Existen millones de mexicanos que han formado un patrimonio a partir del esfuerzo, del trabajo, de habilidades para hacer negocios. Qué bueno que así sea, el país los necesita. Pero en el imaginario colectivo ellos no existen.

 

Un año que termina con el descredito colectivo de la clase política en sus tres órdenes de gobierno, por su incapacidad y falta de convicción por resolver los problemas que México presenta, y por la pusilanimidad genérica que se observa de solo velar por sus intereses personales y los de los grupos políticos a que pertenecen, en vez de velar por sus electores y gobernados. Un año que termina con una sociedad furiosa con esa clase política por los absurdos, complicidades e impunidad absoluta que se dan en todos los órdenes de gobierno; al mismo tiempo y por incomprensible que parezca un año que acaba con una clase política molesta y amenazante con sus ciudadanos por osarse alzar la voz y decir ya basta.

 

El reto de nuestro México en este 2015, es tomar otro rumbo al negro panorama de hoy en día. La generación actual de liderazgos políticos tienen el fracaso en sus mano, hay que cambiar el rumbo del país por medio de nuestro voto en las elecciones del 2015; hay que seleccionar a una nueva clase política que termine de una vez con la corrupción, impunidad que los regímenes priístas nos van vuelto a dejar desde hace un par años. El camino no es fácil ni se logra de la noche a la mañana, como ciudadanos tenemos nuestra mejor arma para cambiar el país y ese es nuestro voto.

 

Sin embargo, hay que considerar que en el contexto de descomposición social que se ha precipitado con la crisis de derechos humanos en Guerrero, es importante tomar en consideración que las campañas del año próximo se desarrollaran con total libertad para ejercer la denigración como arma política, potenciando una atmosfera más densa y enrarecida.

 

Hay que recordar como se las gastan los del partido en el poder, para obtener sus fines aún sea a base mentiras, calumnias y difamaciones. Dependerá del nosotros electores ejercer un juicio ponderado para calificar la información recibida usando inteligencia y prudencia.

 

Es cuanto.