CHILAPA, Gro., 5 de junio de 2014.- El jefe del grupo delictivo Los Rojos, Zenén Nava Sánchez, comenzó la entrega de cadáveres a las comunidades rurales de Chilapa.

El 9 de mayo de 2015, al menos 300 campesinos armados irrumpieron en Chilapa para exigir la aparición de 30 personas privadas de la libertad por el cártel de Los Rojos y detener al líder de dicha organización criminal, Zenén Nava Sánchez, alias El Chaparro.

Los comuneros armados se mantuvieron en la cabecera municipal de Chilapa durante cinco días y se retiraron hasta que El Chaparro se comunicó con ellos vía telefónica.

El jefe de plaza se comprometió a entregar los cadáveres de las 30 personas desaparecidas, para que las familias pudieran darles cristiana sepultura.

El comisariado de bienes ejidales de Xiloxuchican, José Apolonio Villanueva Jiménez, encabezó la irrupción armada de los campesinos y fue quien negoció por teléfono con El Chaparro.

“Me llamó por teléfono y me dijo que por favor retirara a la gente armada, que si no nos iba a rafaguear. Yo le dije que nosotros no íbamos a pelear, que íbamos solamente por nuestros desaparecidos. El Chaparro nos dijo que nos iba a entregar aunque sea los restos de los desaparecidos y que su gente, de Los Rojos, ya no nos iba a molestar”, relató Villanueva Jiménez.

Siete días después, El Chaparro cumplió el acuerdo. Se comunicó con el comisariado de Xiloxuchican y le dio la ubicación para encontrar los primeros cadáveres.

Villanueva Jiménez relató cómo ocurrió la comunicación: “El 21 de mayo El Chaparro me habló por teléfono como a las 6:30 de la mañana y me dijo ‘yo sé que hice un compromiso contigo y para que veas que tengo palabra, ahí están tres difuntos por si los quieren enterrar. Están en un callejón de Nejapa’. Me dijo que fuera y que los iba a encontrar antes de llegar al panteón, en una carretera sin salida, ahí donde termina hay una zanja. Me dijo ‘ahí están enterrados tres encobijados que son de por allá de tus pueblos, por si los quieres’, así que fuimos por ellos”.

Horas más tarde, la Fiscalía General del Estado (FGE) confirmó en un comunicado el hallazgo de tres cadáveres en esa ubicación. Los restos humanos estaban envueltos en cobijas, dos tenían el rostro desfigurado y uno tenía la cabeza desprendida del cuerpo.

La FGE confirmó después la identidad de uno de los cuerpos: se trataba de Gilberto Abundis, de 30 años, estudiante de Artes Visuales en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. De los otros dos cuerpos aún se desconoce la identidad.

Los pobladores de las comunidades rurales de Chilapa esperan que se trate de alguno de sus desaparecidos.

“Las familias están pidiendo aunque sean lo restos de sus hijos, de sus maridos, para llevarles una flor el día de los difuntos o cuando ellos quieran visitarlos y saber que ahí están los restos de sus hijos, de sus hermanos, de sus papás o de sus esposos”, expresó Villanueva Jiménez.

Sin embargo, de acuerdo al comisariado, la Fiscalía General del Estado no tomó muestras de ADN a las familias que tienen algún integrante desaparecido.

Por esta situación, no confían en que la ciencia forense identifique a los dos cuerpos que aún permanecen en la morgue.

Desde la madrugada del 21 de mayo, El Chaparro no se ha vuelto a comunicar, pero José Apolonio Villanueva está a la espera de recibir otra llamada con la ubicación de más fosas clandestinas, para ir, poco a poco, desenterrando a los campesinos desaparecidos a manos del cártel de Los Rojos.

“Esa última vez que hablamos yo le dije al Chaparro que no tenía nada contra él ni contra lo que hace, pero sí le reclamé porque toda esa gente desaparecida no tenía nada que ver. Él me dijo ‘mira yo tengo problemas con el ex policía municipal que se apoda El Chino y con otro tal Richard’. Yo le dije que arreglara sus problemas con ellos, que se la pagara quien se la debía, pero que no levantara a gente inocente”, relató el comisariado ejidal.

La respuesta de El Chaparro no lo convenció: “Él me dijo que algunos de los desaparecidos eran familiares de esa gente, pero yo le dije que ellos no tenían la culpa por ser su familia. El Chaparro me contestó ‘mira voy a indagar, porque no soy yo quien hizo las cosas, es gente que tengo. Yo salgo a la frontera y me tardo en hacer algunas cosas allá, porque yo tengo gente arriba, más grande que yo, que también me da órdenes de trabajar’. Luego me dijo que ya no iban a molestarnos en las comunidades”, recuerda Villanueva Jiménez.

El 1 de junio, los comisarios de 21 comunidades rurales de Chilapa se presentaron a declarar ante la Fiscalía General del Estado, por la irrupción armada que realizaron a la cabecera municipal de dicho municipio, del 9 al 14 de mayo.

Con ellos también se presentaron 13 personas que tienen a algún familiar desaparecido. Llevaron fotografías e identificaciones de las víctimas, para que la Fiscalía diera seguimiento a los casos, pero a ninguno les tomó muestras de ADN para compararlas con los restos que se han encontrado en las fosas clandestinas.