Se confirma la hipótesis de la onda expansiva provocada por la tragedia de Ayotzinapa; la protesta y la indignación colectiva cunden como el pánico.

La Plaza igualteca de las Tres Garantías fue el escenario de las mil porquerías.

Las células madre del potente reclamo están incubadas en el cuerpo estudiantil. UNAM, UAM, CCH’s, Chapingo, Ibero, normales y prepas paran labores y organizan mítines y marchas… el recuerdo del ’68 es inevitable.

El reclamo es unísono: hallar a los desaparecidos de Ayotzinapa; “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”; “Aguirre, Rivero, vete de Guerrero”… Normalistas ayotzinapos viajan al DF… presionan por justicia, de todos modos y en todos los frentes.

Pero al amparo del reclamo legítimo surge la violencia ilegítima. La demanda justiciera es pretexto para desatar la ira, en Chilpancingo, Oaxaca, Morelia y la Ciudad de México.

Infiltrados en la turba han vandalizado sedes de los poderes guerrerenses; embozados han destruido cristales del edificio de la PGR, pintado muros y bloqueado de vialidades primarias, como Insurgentes, Tlalpan y Periférico.

En Michoacán, normalistas de Tiripetío y Cherán toman medio centenar de autobuses para unirse a sus hermanos guerrerenses.

Precisamente en Guerrero, estudiantes anuncian el endurecimiento de las acciones de protesta; toman alcaldías y paralizan aún más al estado. Siembran miedo.

Más allá del pretexto justiciero, más allá de los agraviados, los violentos incrustados tienen un denominador común: la contemplación medrosa de la autoridad omisa, la cual renuncia a su obligación de aplicar la ley “a secas” y opta por cálculos políticos perversos; apuesta a la muerte por inanición del movimiento virulento.

La actitud pusilánime en el ridículo. Por ejemplo, el Secretario de Seguridad Pública de Michoacán, Héctor Hugo Castellanos, tolera, solapa y se hace cómplice de quienes secuestran autobuses de pasajeros; ordena a sus subordinados escoltar a los “muchachos” para que nada les pase; no vaya a ser el diablo. Mientras, que se jodan los dueños de los vehículos… total, que se joda la ley.

El Gobierno del DF sigue el ejemplo; opta por la excesiva cautela. Miguel Ángel Mancera no olvida el costo del plantón magisterial del año pasado. El GDF tolera bloqueos viales; no mete las manos en el ataque a PGR. Que se jodan los ciudadanos… no’más tantito.

De Oaxaca ya ni hablamos, Gabino Cué sigue de rodillas ante la CNTE.

El estado falla… la tibieza torna en aval de la impunidad. Nada más simbólico que ver al poder secuestrado.

Al final, no debe sorprendernos ni la descomposición guerrerense ni la pérdida de control del estado. Tampoco la incapacidad para descifrar el misterio de los 43 desaparecidos. Mucho menos debe asombrarnos la lentitud para castigar a los responsables del crimen, ni la absurda aparición –un día sí y otro también– de fosas clandestinas repletas de cadáveres, sin que a alguien preocupe averiguar como tantos muertos llegaron ahí.

Nadie parece capaz de parar al vandalismo desaforado. Exigirlo equivale a pedirle peras al olmo. La autoridad negligente también se suicida… la moral policiaca también está sepultada en el fondo de otra enorme fosa clandestina de impunidad, cavada por la complicidad.

En Guerreo el cielo es rojo, y no es metáfora apocalíptica; así son “las fosas”…

EL MONJE LOCO: Si quien cocina es cocinero, ¿quien recula es recu…?. Ahora resulta que Carlos Navarrete ya no mete las manos al fuego por Ángel Aguirre. Sólo el hombre es el único animal que se quema dos veces con la misma lumbre. La heroica defensa del gober gelatinoso ya se le olvidó al líder perredista… O quizá fue tan grande la chamuscada navarretista, que ahora cualquier cerillo lo espanta. Como “haiga sido”, se acabó el amor… y quedó “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx