El gobierno de Ángel Aguirre no ve la suya. Devastado por la tragedia de Iguala, despreciado por la opinión pública, sobajado por el gobierno federal, ahora enfrenta otro escándalo mayor.

No es una metáfora. Edificios públicos quemados, las sedes de los poderes estatales destruidas, automóviles vandalizados, las calles de Chilpancingo envueltas en caos; el cuadro violento es forma y fondo. La ley se ausentó de Guerrero; el México bronco irrumpe con furia justiciera.

El Gobernador se esfuerza, lanza sin éxito llamados a la calma, inventa una máscara, dice que la entidad está en calma. Guerrero no solo es Iguala, Chilpancingo no refleja la realidad del estado. Pretende creer su verdad aunque las llamas consumen su argumento.

Ángel Aguirre está solo; tiende la mano a normalistas y familiares de los desaparecidos, pero los agraviados no quieren nada con él, lo desconocen, desconfían de los dichos y los hechos.

La onda expansiva de la tragedia de Iguala es imparable. Lo inaceptable, lo intolerable, se acumula como gas que estalla detonado por la indignación. El fuego crece y amenaza con extenderse sin control. El problema se sale de cauce y rebasa la geografía guerrerense.

Maestros de la CETEG suman su furia; normalistas de Cherán y Tiripetío. Michoacán, secuestran autiobuses para unirse a la revuelta de loa “ayotzinapos”; estudiantes de la UNAM, la UAM y la Universidad de la Ciudad de México paran clases en demanda de justicia. El problema de Guerrero ya es nacional.

A estas alturas la tierra caliente es un galimatías. Retomar el control parece imposible. Los hechos violentos de este lunes ponen a todos, –autoridades e instituciones al borde del abismo–.

Poner orden en Guerrero parece misión imposible.

¿Cómo dialogar con aquellos que desconocen cualquier rasgo de supuesta autoridad?; ¿como congeniar con quienes reclaman el peor de los agravios?; ¿cómo aplicar la ley a quienes han incendiado y destruido si la deuda de justicia es precisamente con ellos?

Es tal la crisis, que ni la investigación policiaca, ni la aparición de los normalistas vivos o muertos, ni la aprehensión del alcalde fugitivo de Iguala garantizan nada. La paciencia se acabó, el monstruo ha despertado y anda suelto, a ver quién es el valiente que lo pueda amarrar.

MONJE LOCO: En la coyuntura guerrerense la situación resulta aún peor cuando la moral policiaca también quedó sepultada en el fondo de la enorme fosa clandestina de la impunidad cavada por la complicidad. La profunda crisis de Guerrero, tan honda como prolongada, quizá es irremediable. Como si no tuviera suficiente, ahora la desprestigiada policía hunde nuevamente la pezuña en el lodazal… y le incrusta un souvenir de plomo a otro estudiante. ¿Ser estudiante es más peligroso que ser delincuente en aquellas latitudes?. Será el sereno, pero en 2013 Guerrero fue el estado más violento del país con dos mil 87 homicidios y 207 secuestros. El Departamento de Estado, en Washington, reporta que 71 estadunidenses fueron asesinados en 2012, y 81 más en 2013; alerta a sus citizens no viajar a Guerrero, pero si lo hacen, no alejarse más de dos cuadras de La Costera o de las zonas turísticas de Ixtapa-Zihuatanejo. En el caso de los jóvenes tiroteados en Chilpancingo, qué pena con sus visitas, pero quién les manda salir de noche con tanto demonio suelto… diría la abuela rezongona.

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx