ONTARIO, Canadá. 15 de marzo de 2015.- Ya sea por su lealtad incondicional, su perpetua disposición, la nobleza de sus actos o aquella sonrisa grabada en el hocico, los perros nunca dejarán de sorprender al hombre, ejemplificando asimismo un improbable amor hacia la vida y todos los habitantes del planeta. Tal es el caso de Smiley (a traducirse como “Sonriente”), un labrador dorado que auxilia en el tratamiento de enfermos mentales y personas con discapacidad gracias a un dote único en su tipo: la ceguera.

Las piernas algo encorvadas, la cabeza grande y un caminar torcido representan un mal menor para este perro canadiense de 12 años de edad, quien pese a haber nacido sin ojos por una condición asociada al enanismo, ha podido salir avante a los retos cotidianos, haciéndole honor al calificativo escondido en su nombre y “ganándose la certificación para ser empleado en terapias médicas”, publica The Daily Mail.

“Siempre pensé que este perro estaría en la tierra durante un tiempo corto, por lo que quise compartirlo lo más que pude”, asegura la veterinaria retirada Joanne George, de 42 años, quien hace aproximadamente una década rescató a Smiley de un criadero de perros con pocas expectativas para el mamífero.

Según recoge The Daily Mail, Joanne fue enviada a aplicarle la eutanasia a cerca de 20 canes, sin embargo, fue una vez en el inmueble que decidió llevarse a algunos de esos animales para buscarles un hogar. Dio el aviso a clínicas veterinarias y encontraron un lugar para todos… menos para Smiley, que en ese entonces tenía 2 años y apenas podía moverse sin irse de bruces contra el piso.

“Era ciego. Era muy nervioso y se ponía muy ansioso al entrar a una casa. Se encogía de miedo cada vez que escuchaba el sonido de otro perro comiendo. Las cicatrices en su cara y orejas me indicaron las historias que debió haber vivido con tantos perros en condiciones deplorables”, explica Joanne en entrevista con ABC News, al añadir que, en medio de la búsqueda de una familia para el labrador dorador, decidió adoptarlo ella misma.

“A partir de entonces, Joanne empezó a sociabilizar con Smiley, a hablarle sobre visitar a su abuela a un asilo, y se dio cuenta que tenía un lazo muy especial con la gente. Por eso decidió entrenarlo para que se convirtiera en un perro terapeuta, un atributo en los perros que puede potenciarse”, explica tal Medio, donde se enuncia que Smiley tiene la capacidad de enseñar a la gente a “vivir el momento”.

Según recoge el Daily Mail, uno de los primeros “pacientes” de Smiley fue un niño autista llamado Teddy, quien se encontraba tan apartado de la realidad que le era imposible e interactuar con otros. Sin embargo, fue una sorpresa para los colaboradores del centro médico cuando el labrador dorador no sólo le sacó una carcajada tras unos minutos en su compañía, sino que comenzó a mejorar su humor y a modificar su caracter introvertido.

“Nunca había podido concentrarse en algo por más de unos pocos minutos, pero durante un programa de lectura para niños con necesidades especiales, Teddy se quedó mirando las páginas de un libro por 30 minutos junto a Smiley. De ahí en adelante ha mejorado mucho”, precisa The Daily Mail.

Una de las mayores proezas de Smiley fue el caso de un hombre que era incapaz de comunicarse o moverse, hasta que “Smiley puso sus pies frente a él y el hombre comenzó a sonreír y a hacer ruido. Todas las enfermeras se apresuraron a entrar a la habitación y dijeron que nunca antes lo habían visto sonreír, nunca habían visto ningún tipo de reacción”.

Según Joanne, parece que el secreto del “tratamiento Smiley” reside en que el perro no es consiente de su discapacidad y es feliz, lo que ultimadamente se traduce en una dosis de energía y aceptación para los pacientes. “Eso no significa que sea un inconsciente. Smiley camina muy despacio y siempre va oliendo todo con cuidado. Me sigue porque me oye, siempre le voy hablando”, cuenta Joanne al ABC News.

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