• El discurso en Ocotito

 

Antes de terminar la conferencia de prensa del 27 de enero de 2014, el empresario Pioquinto Damián Huato levantó la mano derecha, con el dedo índice señaló al cielo y expresó: “Ojalá y no vaya a ser que atenten contra la vida de alguno de nosotros”.

Su rostro revelaba felicidad genuina porque, cuatro días antes, la Policía Ciudadana de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) ingresó al Valle del Ocotito para auxiliar a la población, ante la ola de violencia e inseguridad provocada por el crimen organizado.

Ahora, el empresario anunciaba que la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) de Chilpancingo respaldaría a la Policía Ciudadana.

A su lado derecho, el dirigente de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), Bruno Plácido Valerio, se mantenía serio, pero atento al discurso enardecido del empresario.

Damián Huato comentó sobre el problema de inseguridad en la capital y presentó algunas estadísticas: Durante el 2013, la Canaco registró 84 secuestros, 62 negocios cerrados e igual número de familias de comerciantes desplazadas por amenazas de la delincuencia organizada; en lo que va del 2014, dijo, suman cinco secuestros y varias extorsiones.

Giró su cuerpo hacia la derecha y miró a Bruno Plácido Valerio, levantó enérgicamente el brazo y anunció el posible ingreso de la Policía Ciudadana a la capital.

Ese día, Pioquinto vistió de pantalón deportivo, tenis y una playera tipo jersey color naranja con mangas azules, de cuyo cuello colgaban unos lentes para leer.

El empresario no se imaginaba que al día siguiente, el 28 de enero de 2014, cambiaría su colorido atuendo por un traje de luto. Casi como un augurio, ese martes por la tarde el ex presidente de Canaco vistió de negro.

No era su intención tomar la palabra, pero unos mil 500 habitantes del Valle del Ocotito corearon repetidamente su nombre, en la asamblea popular organizada por la UPOEG.

Dio un paso al frente sobre la tarima en la que también estaban el presidente municipal, Mario Moreno Arcos; el dirigente de la UPOEG, Bruno Plácido Valerio y el presidente de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos (Coddehum), Ramón Navarrete Magdaleno.

Pioquinto tomó el micrófono y con el dedo índice señaló al alcalde, que estaba parado a un metro de distancia.

“No le crean  nada a este bribón, ¡nada!”, dijo y la expresión jovial de su rostro se transformó en rabia.

“Yo me he reunido con él ocho veces y lo que planteamos fue que queríamos seguridad y siempre nos decía lo mismo, que iba a encontrar la solución”, relató a gritos el empresario.

“Tiene un año que no ha hecho nada, ¿ustedes le creen a alguien que moviliza al Ejército para impedir que el pueblo se manifieste?”, cuestionó el empresario.

“¡No!”, contestaron al unísono los pobladores del Valle del Ocotito.

Pioquinto hizo una serie de cuestionamientos: “Que me conteste aquí en esta asamblea popular, que me conteste ¿a quién le concedió el palenque de gallos de Chilpancingo?, ¿a quién?”.

El empresario respondió a gritos su propia pregunta: “¡A los criminales!, ¡a los grupos de criminales!”.

Pero los cuestionamientos no terminaron ahí.

“Que nos conteste el presidente ¿qué hizo con las combis?, con los 30 permisos de las combis que había en Chilpancingo, ¿a quién se los dio?”.

Otra vez, el alcalde guardó silencio y fue el propio Pioquinto quien contestó enardecidamente: “¡Se los dio a los grupos criminales!”.

Los ataques y cuestionamientos del ex presidente de Canaco continuaron: “¿No se daba cuenta el señor que había muchos vendedores foráneos y que le invadían la Alameda y el Zócalo debajo de su despacho?, ¿No se daba cuenta o se hacia el disimulado?, ¿No se daba cuenta lo que vivía el pueblo del Ocotito, lo que vivía el pueblo de Mohoneras, lo que vivía el pueblo de Dos Caminos, lo que vivía el pueblo de Haciendita, lo que vivía Cajeles?, ¿no se daba cuenta que había siembra de drogas?”.

Entonces, lanzó una pregunta al público: “¿Qué fue lo que hizo Mario?”.

“¡Nada!”, respondieron a grito de los pobladores.

Pero Damián Huato los corrigió: “Sí, sí actuó… retiró a su policía para que no hubiera ningún problema y los delincuentes pudieran actuar libremente… ¿Cuántas veces se fue a hablar con él pidiendo auxilio por los secuestros, por las extorsiones, por el derecho de piso y quiere ahora que creamos en él”.

El bullicio entre los asistentes creció al grado que los gritos parecían desgarran las gargantas de quienes los emitían y los oídos de quienes los escuchaban.

“¡No!, ¡fuera!, ¡fuera!, ¡fuera!”, bramó la turba enardecida.

El empresario concluyó su intervención al micrófono con una felicitación a los pueblos del Valle del Ocotito y anunciando el ingreso de la UPOEG a la capital.

“El Ocotito nunca va a ser vencido, El Ocotito ha puesto un gran ejemplo de valor y miren, vamos a meter la Policía Comunitaria a Chilpancingo, les guste o no les guste”.

Entre aplausos y porras, Pioquinto Damián Huato terminó su discurso; Mario Moreno Arcos lo miró de reojo mientras él se alejaba lentamente, a la parte trasera de la tarima.

 

 

  • El atentado

Minutos después de que terminó la asamblea popular, el empresario abordó una camioneta marca Honda, tipo Pilot de color azul marino, con placas de circulación HBA3839 para el estado de Guerrero, propiedad de su hijo.

En el vehículo lo acompañaban su esposa Karen Areli Salgado Ortega, su hijo Valter Emmanuel Damián Bautista, su nuera Laura Rosas Brito y sus compañeros Virginia Rico Hernández, Cresenciano Neri González y Armando Román Alejo.

A las 19:51  horas, cinco vehículos con hombres armados lo interceptaron en las inmediaciones del boulevard René Juárez Cisneros, a la altura de la Quinta Margarita.

Una cámara del Centro de Control, Comando y Cómputo (C-4) de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil del Estado registró el hecho.

Las primeras ráfagas inmovilizaron la camioneta en la que viajaba el empresario, entonces un individuo descendió de una camioneta marca Dodge Ram color blanco, portando un fusil AR-15 calibre .223.

Un segundo pistolero descendió de una camioneta Tacoma roja, con un rifle AK-47 en las manos. Dos tiradores más descendieron de otra camioneta y dispararon contra la camioneta en la que viajaban el empresario y su familia. Tras accionar sus armas, se dieron a la fuga.

Tan sólo 32 horas antes del atentado, Pioquinto lo había vaticinado en una conferencia de prensa: “Ojalá y no vaya a ser que atenten contra la vida de alguno de nosotros”.

Ese 28 de enero de 2014, el empresario vestía de negro; el vehículo en el que viajaba recibió casi 200 balazos.

En el asiento del copiloto, quedó el cuerpo ensangrentado de su nuera, Laura Rosas Brito, única víctima mortal del atentado.

 

 

  • El móvil del atentado

 

El 29 de enero, Pioquinto Damián dio señales de vida tras el ataque a balazos sufrido la noche anterior.

A través de su cuenta de Facebook confirmó el atentado en su contra, en el que falleció su nuera y detalló que su esposa y su hijo resultaron heridos, pero no de gravedad.

“Todos los demás milagrosamente salimos ilesos, a pesar de que la camioneta en que viajábamos recibió más de 100 impactos de armas de alto poder. Fue un ataque perfectamente planificado (…) fueron segundos catastróficos”, escribió textualmente en su muro de Facebook.

El empresario informó que en esos momentos se encontraba, por voluntad propia, bajo el resguardo de la 35 Zona Militar.

También señaló a quien consideró el autor intelectual del atentado: “Expresé en mi querella, mi acusación directísima en contra de Mario Moreno Arcos, presidente municipal de Chilpancingo, de su Hermano Ricardo de los mismos apellidos y de los que trabajan y operan desde la Dirección de Gobernación Municipal. Aclaro que cuando salimos de mi casa el señor Oscar, Pepe Lobato y demás supervisores de esa dirección ya me estaban esperando. Si Mario Moreno Arcos realmente quiere coadyuvar con las investigaciones debe de pedir licencia al cargo y permitir que se realice libremente la indagatoria del caso. Solicito también del Gobierno Federal, concretamente de la PGR, se le investigue a él y demás acusados, por delincuencia organizada, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, tendrá que empezar a limpiar la casa por dentro, si no todo empeño en materia de seguridad será nulo”, escribió textualmente.

Moreno Arcos se convirtió en el principal sospechoso, ya que el atentado se dio minutos después del evento en el que Damian Huato lo acusó públicamente de proteger a la delincuencia organizada.

Pero el 3 de marzo, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) se encargó de esclarecer el móvil del atentado, en una conferencia de prensa.

El titular de la PGJE, Iñaki Blanco Cabrera informó sobre la detención de 12 integrantes del grupo delictivo autodenominado Los Últimos Rojos, un remanente del cártel de los Beltrán Leyva.

De acuerdo al procurador de justicia, al menos seis de los detenidos están implicados directamente en el atentado a balazos que sufrió el empresario capitalino Pioquinto Damián Huato.

El parte oficial de la PGJE indica de manera textual: “Dos de los inculpados, al momento de rendir declaración ministerial manifestaron pertenecer a un grupo de la delincuencia organizada denominado Los Últimos Rojos y ser liderados por las personas de nombre Julio César Guzmán Camacho alias “El Guzmán” y Alejandro Herrera Estrada alias “El Chino”, quienes les ordenaban a qué personas tenían que secuestrar”.

En su declaración, los inculpados dijeron que tanto Julio César Guzmán Camacho, alias“El Guzmán”, como Alejandro Herrera Estrada, alias “El Chino”, participaron en el atentado contra el ex presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco).

Otro de los detenidos, quien laboraba como “halcón” en el cártel de Los Últimos Rojos, declaró que el 28 de enero escuchó a “El Chino” y “El Guzmán” planificar el homicidio de Damián Huato y que ya habían puesto a su gente a rastrearlo.

Indicó que los informantes criminales encargados de vigilar los movimientos del empresario viajaban en una camioneta marca Jeep, tipo Nitro, color verde oscuro y en otra camioneta de color negro.

El detenido puntualizó que en el atentado contra el empresario participaron “El Chino” y Eder de Jesús Chávez López, alias “El Eder”.

Otro de los detenidos, que también se identificó como “halcón” del cártel Los Últimos Rojos, explicó que el atentado contra Pioquinto Damián fue porque éste perjudicaba los intereses de la organización delictiva para controlar los cobros de plaza y los secuestros en la región.

El detenido también identificó a Julio César Guzmán Camacho y Alejandro Estrada Herrera como participantes del atentado a balazos.

El 4 de febrero de 2014, la Policía Federal detuvo a tres hombres en un punto de revisión, quienes circulaban a bordo de un vehículo con reporte de robo por la carretera federal, cerca de Coyuca de Benítez.

Los detenidos se identificaron como  José Alberto Cuenca Maldonado y/o Alejandro Pimentel Cuenca, Francisco Maldonado Marino y/o Fernando Morales Sánchez alias “El Pancho” y Marco Aurelio Castillo Marino y/o José Estrada Brito de apodos “El Yeyo” y/o “El Nachito”.

Al tomarles la declaración ministerial admitieron su pertenencia al grupo delictivo Los Últimos Rojos y su participación en el atentado contra el líder empresarial Pioquinto Damián Huato. Alegaron que el empresario realizaba acciones que afectaban sus intereses delictivos.

El procurador general de Justicia del Estado, Iñaki Blanco Cabrera subrayó en rueda de prensa que la detención de los 12 delincuentes representa un golpe importante al cártel Los Últimos Rojos.

Respecto a los señalamientos que Pioquinto Damián Huato hizo contra el alcalde Mario Moreno Arcos, a quien acusó de pertenecer a la delincuencia organizada y responsabilizó del atentado, dijo que no existen pruebas.

Explicó: “La línea de investigación que tiene mayor sustento es la que tiene que ver con la delincuencia organizada, no descartamos involucramiento de servidores públicos del municipio de Chilpancingo, pero sólo están los señalamientos de la propia víctima en contra del presidente municipal, pero en la averiguación previa no da evidencia alguna para que en su caso el ministerio público pudiese ejercer acción penal y generar convicción en un juez”.

Blanco Cabrera indicó que la investigación continúa y a la fecha no hay ningún elemento para fortalecer el señalamiento contra el alcalde Mario Moreno Arcos.

Sin embargo, el empresario Pioquinto Damián Huato mantiene la acusación contra el presidente municipal y contra su hermano Ricardo Moreno Arcos, subdelegado de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) federal, de pertenecer a la delincuencia organizada y de ser los autores intelectuales del atentado en su contra.

El argumento del empresario es el siguiente: “Yo no tengo ningún enemigo, el único que se ha molestado por mi actitud es el alcalde. Sólo Mario y Ricardo Moreno tenían un móvil, tenían los recursos. Yo los estoy acusando de ser parte de la delincuencia organizada y con el atentado se demostró que sí lo son”.

Por ello, lanzó un mensaje a la PGJE: “Se debe de tomar el toro por los cuernos, si realmente quieren que se vea que en Guerrero hay una lucha contra la corrupción, deben de proceder contra todos los políticos de uno u otro partido metidos y relacionados con el crimen organizado”.