La ingobernabilidad, la inseguridad, la pobreza extrema y la violación sistemática de los derechos humanos siguen campeando en el Estado de Guerrero. A pesar de los múltiples apoyos del gobierno federal, la estulticia, corrupción y ausencia de poder del Gobernador Angel Aguirre Rivero, precipita cada vez más a la entidad al abismo y al caos, los asesinatos de Estado y la pérdida absoluta de gobernabilidad.

Nuevamente la violencia estalló este pasado fin de semana en Guerrero y los normalistas de Ayotzinapa y jóvenes futbolistas fueron víctimas de ella en el municipio de Iguala. Hay que señalar que los normalistas son parte de un movimiento, también violento, que puede confluir con otros que se dan en estos días en la capital del país, como el de los estudiantes del IPN. El escenario es regional pero puede volverse, lo nacional.

Es mucho lo que hay que ver. Por supuesto que hay que partir de las medidas más urgentes: ¿qué hacer con un gobierno incapaz y ausente como el de Guerrero cuando en los hechos ya ha sido rebasado muchas veces , cómo frenar un movimiento como el de la Normal de Ayotzinapa, marcado por la violencia, sin violar la ley.

Por lo pronto queda claro que el gobierno de Guerrero no puede ni con ésta ni con muchas otras situaciones. Si hace un año las tormentas Ingrid y Manuel no fueron suficientes para que el gobernador y su equipo abandonaran la fiesta que habían organizado en Chilpancingo con motivo del Grito, ahora los enfrentamientos y balaceras en Iguala no alcanzaron para que el presidente Municipal de Iguala de apellido Abarca, que tiene bajo su mando a la policía municipal, que generó esas balaceras, se diera por enterado mientras disfrutaba de una fiesta para celebrar el informe de su esposa en el DIF municipal.

Sin embargo, el problema con el alcalde de Iguala es otro: son las acusaciones de que su esposa es la hermana del líder del grupo criminal Guerreros Unidos y de las propias relaciones de Abarca con esa misma organización, una relación que, dicen los denunciantes, explica la repentina y boyante situación económica del alcalde, que fue, por cierto, uno de los mayores contribuyentes a la campaña del gobernador Aguirre.

Toda la teoría del caos explica cómo un movimiento, un factor considerado intrascendente en una lógica mucho más amplia, puede modificar el escenario y las condiciones. En este caso cómo en la lógica de la desestabilización y la violencia, un elemento se convierte en catalizador de muchos otros y en este caso cómo la gobernabilidad perdida influye mucho más allá de las fronteras de un gobierno local.

Pero no se trata de errores o de malos manejos políticos, ni siquiera de simple ineptitud: lo que está sucediendo en buena parte de Guerrero es la demostración de un mal estructural: es el fracaso de las instituciones del Estado para garantizar paz, seguridad personal y jurídica y gobernabilidad. Guerrero y sobre todo  Tierra Caliente, se han convertido en un foco de inestabilidad que incendia lo local pero irradia también lo regional y lo nacional.

Será necesario que tenga que intervenir los poderes de la unión, en la entidad suriana a través de la desaparición de poderes, o quizás el bravo pueblo guerrerense se tendrá que levantar contra el Estado Fallido que desgobierna la entidad. Es pregunta.

ES CUANTO