Al definir al periodismo, algunos teóricos en la materia señalaron que esta forma de comunicación social tiene como fin dar a conocer y enjuiciar los hechos de interés colectivo. En el pasado reciente, hablamos de que la actividad periodística estaba marcada por la parcialidad, toda vez que cada empresa periodística y cada periodista determinaba a su arbitrio los asuntos a tratar, y la mano censora del estado daba línea sobre el manejo de la información.

Hoy en día esto ha cambiado en cierta manera y existe una mayor apertura, los medios de comunicación escritos y electrónicos tienen mayor libertad de expresar libremente sus ideas, aunque todavía persiste la oficialidad de algunos de ellos. La información llena una parte, sin duda la más importante por ser su materia prima , del ejercicio periodístico: suministra a los receptores de un conjunto de noticias , entrevistas, crónicas, reportajes y columnas que los mantiene al tanto del acontecer mundial, nacional y regional.

Idealmente, la información por sí sola o la información aderezada con juicios, opiniones e interpretaciones debería bastar para que todo el público formara, con base en ellas , su propio criterio. Sin embargo, cada diario, cada revista o cada noticiario de radio y televisión, de acuerdo con el crédito que ha sabido ganarse entre el público, se hace de un cierto prestigio que lo convierte en una especie de orientador de conciencias en algunos sectores. Igual ocurre, en diferente escala con periodistas que logran erigirse en “líderes de opinión.”

Esta prominencia de medios y periodistas en el sentir público está sustentada en el servicio general que su material periodístico presta a sus receptores. Un diario, por ejemplo, que proporciona todos los días noticias, entrevistas, crónicas, reportajes y columnas de verdadero interés , en los que reflejas una genuina voluntad de trabajo periodístico sin otro compromiso que cumplir con los lectores , se vuelve un órgano con autoridad moral para, en sus editoriales , orientar el criterio de quienes confían en él.

Un articulista cuyos análisis y juicios convencen a sus lectores, sobre todo cuando avalan su calidad no sólo con la interpretación de hechos ya ocurridos sino con su capacidad para prever y prevenir sobre acontecimientos que se confirman después , también se convierte en un orientador que obliga a estar pendientes de su trabajo analítico.

Es importante destacar, que el periodismo es una expresión viva de los intereses y de la lucha de clases. Y que los periodistas tienen ciertas inclinaciones políticas y democráticas, pero que al ser un profesional de la comunicación tienen que tener, indudablemente, una marcada imparcialidad y una lealtad denodada para con los medios en donde escriban o transmitan sus ideas.

Por lo que deducimos, que el contenido de los artículos de opinión publicada, su información y sus argumentos, no es lo que más importa o preocupa a los políticos e influye en sus decisiones en el poder. Lo que más les inquieta es que los juicios de los periodistas sobre los asuntos públicos y sobre su actuación, si son adversas, se hagan públicas, se popularicen e influyan en la percepción y el juicio de un buen número de ciudadanos, generando una apreciación negativa sobre la actuación de ellos.

Hoy en día, en este complicado año del 2014 la percepción social de la situación del país es negativa, la inseguridad permanece, la inflación y el desempleo aumentan y las reformas estructurales darán sus resultados a largo plazo. Aunque se tienen de avances, no se ha llegado aún al catastrofismo pero si hay un difuso pesimismo, combinado con un criticismo desbordado, que cuanto más se extiende más erosiona la confianza en las capacidades nacionales para resolver nuestros problemas.

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