MÉXICO, DF, 31 de octubre de 2014.- Iguala ha sido una historia de terror que se desarrolla en cámara lenta y arrolla el discurso de cambio y modernización en el que ha fincado su prestigio internacional el presidente Enrique Peña Nieto, señala el periódico español El País en su edición de este viernes.

 

Para el diario peninsular, “hubo un mal manejo de la exhumación y de la evidencia; una torpeza intolerable en medio de la tragedia”.

 

La búsqueda de los estudiantes desaparecidos reveló varias fosas clandestinas y decenas de cadáveres, pero las autoridades federales y estales no se han puesto de acuerdo sobre la identificación de los cuerpos, asevera el diario.

 

Luego de retrasar por cuatro días la respuesta al caso de Iguala, el presidente Peña Nieto apareció trasladando la responsabilidad al gobierno del estado de Guerrero.

 

En medio de moviliazaciones ciudadanas y la indignación nacional su respuesta pareció insuficiente.

 

El presidente EPN entonces prometió que iría “tope donde tope” para llegar a los responsables de esta barbarie.

 

Si bien pocos dudan que el mandatario tiene la mejor intención de continuar con la investigación hasta las últimas consecuencias, la pregunta es si puede hacerlo.

 

El presidente Peña Nieto no la tiene fácil. Primero, porque necesitaría de un pacto político para avanzar contra la delincuencia organizada de manera firme y contundente. Segundo, porque se necesitaría un sistema de procuración de justicia con suficiente capacidad para investigar a los grupos criminales y su relación con los gobiernos locales. Para decirlo claramente, las buenas intenciones del presidente no corresponden a lo que realmente puede hacer.

 

Por el momento no parecen estar dadas las condiciones para un pacto político que involucre a los principales partidos y que le permita al PRI investigar a los gobiernos estatales y locales, de manera independiente.

 

Bajo estas condiciones, la salida del gobernador Ángel Aguirre, antes que aliviar la tensión en Guerrero, podría aumentar las presiones al gobierno federal.

 

Los procesos de cambio y transformación de las fuerzas policiales, los servicios de inteligencia y el sistema de justicia están a medio camino – esto siendo optimistas…

 

El crimen organizado es como un árbol, ya que usualmente vemos la parte más visible en la superficie, pero tiene ondas raíces bajo tierra.

 

Esas raíces son los vínculos políticos, económicos y sociales que genera el crimen para procurar impunidad y protección para sus actividades y sus miembros.

 

No es un secreto que México ha entrado en una fase avanzada de penetración y cooptación de los gobiernos estatales y locales por parte del crimen organizado, de la cual no le será fácil salir.

 

Las reformas en el campo de la seguridad y la justicia suelen emerger de situaciones de crisis.

 

Las tragedias de Tlatalya e Iguala exigen el liderazgo del presidente Peña Nieto, para promover una política de Estado que acelere los cambios necesarios.

 

El crimen, la falta de gobernabilidad a nivel local y la impunidad pueden echar al traste el proyecto de modernización económica.

 

No hay duda que la modernización de México, esa que EPN ha prometido, hoy pasa por poner fin al horror, la violencia y la impunidad.

 

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