Marcelo Ebrard puede estar en lo cierto; la prisa por llevar al pleno de la Cámara de Diputados el caso de la Línea 12 del Metro tiene sin duda un enrome componente político. Priistas y panistas no van a perder oportunidad de golpearlo abajo del cinturón, y de paso cuestionar la limpieza de las administraciones capitalinas emanadas de la izquierda. Así es la grilla y nadie lo sabe mejor que el propio ex Jefe del GDF.

Sin embargo, la tesis del “complot” en su contra no queda clara. Según nos dijo Ebrard, desde Los Pinos se ha lanzado la consigna de acabar con él y su proyecto… cualquiera que este sea; dice que quieren meterlo a la cárcel en venganza por haber tenido algo que ver con las filtración del escándalo de La Casa Blanca de las Lomas –lo cual niega rotundamente–; tambiadminsitrativa piaa.l fuero que le darlo anda en pos de una diputacira ICA, responsable de la obra civilén niega el afán de pretender cobijarse con el fuero que le daría una diputación federal.

Marcelo exige ser escuchado en defensa propia, aun cuando la comisión legislativa encabezada por Marco Antonio Calzada lo haya culpado, y recomendado investigar –entre otras irregularidades– por qué se creó la instancia del Proyecto Metro y al frente se colocó a Enrique Horcasitas, hermano de un vicepresidente de la constructora ICA, responsable de la obra civil; por qué los trenes no resultaron compatibles con las vías; por qué los vagones se contrataron tan caros, a dólares de 16.50, cuando la cotización estaba por debajo de los 13 pesos…

Marcelo intenta limitar negligencia y responsabilidades a quienes se encargaron de la obra, elegir los materiales, seleccionar los trenes o armar los costosos planes de arrendamiento; rechaza llevar la discusión al terreno de la política… aunque resulte imposible, porque cualquier decisión técnica o económica del calibre de la “Línea Dorada” habrá implicado necesariamente decisiones políticas.

A estas alturas, Ebrard tiene tres factores en contra. Primero, la aversión política de quienes lo arrinconan; eso se verá hoy en San Lázaro –no se pierda la función gratuita–. Segundo, la gran cantidad de irregularidades cometidas en la megaobra. Tercero, y quizá lo más importante, el juicio público; para buena parte de la sociedad capitalina Marcelo es culpable del desastre que ha costado a la Ciudad de México más de 43 mil millones de pesos… y eso pesa más que cualquier otra sospecha.

Marcelo alega que sus enemigos violan sus derechos humanos… ¿y los de medio millón de ciudadanos afectados por el “desastre” entonces quien los atropelló?

EL MONJE LOCO: Por donde pise uno el análisis de las acciones ordenadas por el Presidente para castigar a quienes medran al amparo de los cargos públicos, el terreno está flojo, lodoso, jabonoso y resbaloso; las percepciones de la corrupción no se pueden remover solamente con instrucciones a un funcionario que le da oxígeno a la Secretaría de la Función Pública, a la cual poco le falta para convertirse en Secretaría de la Defunción Pública. Si Virgilio Andrade comprueba la existencia de conflictos de interés, será un desastre; si dice que no, será otro desastre. ¿Entonces la cacareada ética quedará en estética –sólo de adorno– a cambio de recuperar la imagen, credibilidad y prestigio presidencial? ¿Nuestro Virgilio acabará consumido por las llamas del infierno de El Dante, como fallido protagonista de otra Divina Comedia?

@JoseCardenas1| [email protected]| www.josecardenas.com