Mucho se habla del apremio para aprobar el decálogo presidencial; del compromiso de los partidos políticos para sacar adelante la agenda de cambios planteada por el Presidente de la República en respuesta a la crisis de seguridad, justicia y credibilidad, estallada por el caso Ayotzinapa.

Pues ahora resulta que la prisa no es tanta…

Legisladores federales advierten imposible cumplir la agenda al menos en lo que resta del mes.

Los panistas dicen que cinco días no alcanzan; el líder de la bancada del PRI –Manlio Fabio Beltrones– le pone más sazón al tema con una enigmática respuesta: “hay posibilidades de que salga en un periodo ordinario, que salga en un periodo extraordinario o que se vaya hasta el próximo periodo ordinario, en febrero del año entrante

Tampoco en el gobierno federal se percibe la necesidad de responder al reclamo social a las carreras. Ya lo dejó claro el joven Jefe de la Oficina de la Presidencia –Aurelio Nuño– en entrevista con el diario español El País: “No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.

Aparte de las merecidas críticas de la comentocracia incómoda, y de la rudeza innecesaria del arrogante alfil presidencial, está claro que en el equipo de Los Pinos habrá convencimiento del camino pero no plazos perentorios; nada moverá el plan de vuelo, aun cuando en la plaza pública, en las redes sociales y en las encuestas se desplome la confianza en el Presidente, el gobierno… y los partidos políticos.

Es cierto que las reformas emergentes deben analizarse con lupa, sin embrago, una vez aprobadas, la instrumentación de las nuevas medidas no tendrá efectos inmediatos.

Por ejemplo, el secretario de Gobernación –Miguel Ángel Osorio Chong– ha sido muy claro al señalar que el mando único policiaco tardará en aplicarse ocho años largos en todo el país y la apuesta de mediano plazo se concentrará en la prevención…

La apuesta legislativa a los tiempos políticos levanta inevitables sospechas; ¿si las reformas se congelan hasta febrero corren el peligro de quedar dormidas?

El próximo lunes –tan pronto declaren cerrado el Período Ordinario de Sesiones– los legisladores guardaran los pendientes en un cajón con doble llave. A partir de enero –al regreso de vacaciones– diputados, senadores y uno que otro funcionario federal, solo tendrán cabeza para una cosa: la lucha por el hueso.

Con nueve gubernaturas, 17 congresos estatales, 884 presidencias municipales y el total de la cámara de diputados (500 curules), le podría apostar a que ni PRI, PAN o PRD –muchos menos los Verdes o la chiquillada– pelarán por otra cosa. Para ellos, primero será lo primero, atender su presencia en cada uno de los estados en disputa electoral, ensanchar su influencia, y desde luego sumar ganancias y prerrogativas…

El llamado del Presidente a superar el dolor por el caso Iguala podría hacerse realidad de otra manera; ¿superar el trance por la vía del olvido? Eso sería un error fatal… aunque se enoje el niño Nuño.

EL MONJE LOCO:Si existiera un color más oscuro que el negro con ese pintaría el verde y el rojo de la bandera… y mancharía el blanco y al águila con sangre; pero me conformo con el color de la ausencia y el más profundo dolor. Hay tres días de luto y minutos largos de silencio por Alexander Mora Venancio, el normalista de Ayotzinapa quemado ¿vivo?… ¿Pero cuántos días le guardamos a Gonzalo Rivas Cámara, quemado vivo por los Ayotzinapos hace tres años?; Es pregunta del cartonista Paco Calderón.

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx