La llegada del “jóven maravilla” a la presidencia del PAN no fue sorpresa para nadie, ni siquiera para Javier Corral.

La apabullante paliza de 81 a 16 propinada por el queretano al chihuahense será legal. Habrá que ver que tan legítima.

Ricardo Anaya ganó y aplastó, sí, pero con la maquinaria completa aceitada a su favor. Hubo tremendo acarreo y tremenda cargada, denuncia Corral, ardido.

Después de la victoria, Anaya tiene claro que los números no bastan.

Afirma no tener dueños. Pinta su raya con Gustavo Madero.

Con doce gubernaturas en juego el año próximo –y el 2018 a la vuelta de la esquina– no cabe el “colaboracionismo” con el priismo. Al contrario.

Amenaza con denunciar que México no va por el camino correcto debido a la falta de crecimiento, la tóxica reforma fiscal y los números rojos de la violencia negra. Promete un discurso cortocontundente y punzocortante contra la profunda ineficacia del PRI-gobierno. Será su estrategia para “llegarle” a la entraña de los votantes desilusionados de un gobierno que no ha dado resultados.

“México no se merece el priismo ni el populismo; requiere fervor democrático”, anuncia.

Hacia adentro, habla de limpiar la casa; promete crear comisiones de la verdad, órganos autónomos para investigar los “moches” y transas de los muchos “mochos”; tolerancia cero con el panismo chapucero.

¿Le retirará toda protección política a Guillermo Padrés cuando la justicia persiga al gober de Sonora?

 

Hacia afuera, Anaya se empeñará en reconstruir la credibilidad panista; dejar atrás la fresca memoria de una pésima experiencia en el ejercicio del poder durante la docena trágica del inculto foxismo y el rencoroso calderonismo.

Con el arribo de Ricardo Anaya, al gobernador de Puebla –Rafael Moreno Valle– se le ilumina la cara, no así a Margarita Zavala, quien a querer o no, representa desde ahora un reto “bronco” que pondrá a prueba la habilidad política del joven queretano para procesar la candidatura presencial panista sin fracturas ni sobresaltos mortales.

¿Después de la tormenta viene la calma? Eso debería suceder en Acción Nacional bajo la idea anayista de renovación, regeneración y reconciliación, sin embrago no se vislumbra la calma ni la solución a las contradicciones profundas del partido del bien común y la patria ordenada y generosa.

EL MONJE LOCO: La  gran ventaja de Ricardo Anaya es que su partido parece haber tocado fondo, sin embargo –dirán adversarios panistas y pesimistas– siempre hay manera de empeorar…

@JoseCardenas1 | [email protected] | www.josecardenas.com