Los dos suspirantes a la dirigencia nacional del partido dizque de la gente decente están sordos.

En su primer y único debate, Ricardo Anaya y Javier Corral, no transitaron por la ruta de la unidad en defensa de la democracia, ni dejaron de lado las confrontaciones estériles cómo les exigía la militancia.

Anaya propuso abrir el PAN a los ciudadanos, pegar lo que está roto, renovar los procesos internos, elaborar un padrón verdaderamente confiable, hacer del blanquiazul un partido ganador, moderno, fresco y renovado; una oposición firme y valiente frente al PRI, corrupto, corruptor, e ineficiente.

En cambio Javier Corral –senador con licencia– dedicó sus turnos en el debate a defender lo que ha llamado “la rebelión de las bases” contra la cargada y la sumisión representada por “el joven maravilla”, plenamente identificado con la “dictadura” de Gustavo Madero.

¿De veras hay que creerle a Anaya que no tiene dueño?

Mientras el queretano –el más consentido por los medios de comunicación– presume alianzas con tribus panistas rivales, el chihuahuense Javier Corral se ha hecho célebre por su pleito sinfín con los concesionarios de la radio y la televisión, en particular con Televisa, que desde hace once años le reclama no haber pagado una campaña de “spots” contratados cuando fue candidato al gobierno de su estado en 2004… y qué decir de la confrontación con el gobernador de su tierra, César Duarte, a quien Corral no baja de “corrupto”, o con Felipe Calderón a quien ha llegado a llamar “cobarde”.

¿Dónde quedó en el debate la cacareada unidad en defensa de la democracia, la promoción de las libertades, pero sobre todo, la construcción de una oposición que lleve las voces de los ciudadanos ante el gobierno federal y en beneficio de un país que no necesita complicidades, y menos silencio?

En realidad, Anaya y Corral representan la contienda del partido de los “moches” y los “mochos”, lastrado por cacicazgos e indecencias; castigado con rigor en las pasadas elecciones por no haber resuelto sus conflictos después de la debacle en la última contienda presidencial.

Anaya y Corral quedaron largos en palabras y cortos en ideas.

EL MONJE LOCO: Delira Andrés Manuel; acusa a Peña Nieto, Osorio Chong y Videgaray de haber exigido el cese fulminante del acaudalado Piojo. Entonces qué, ¿ya lo perdimos, Houston?

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