El pretendido Mexican Moment que colocaría a nuestro país en la modernidad globalizadora, por ahora ha de conjugarse en tiempo futuro lejano debido al pasado inmediato. El Ayotzinapa Moment ocupa el tiempo presente corto-contundente y punzo-cortante… como la herida de una cuchillada profunda en el cuerpo nacional.

El Ayotzinapa Moment finiquitó la celebración gubernamental de las reformas reinas… y volvió a mostrar el rostro de un país violento, devastado por el crimen, la irresponsabilidad política y la ineptitud flagrante.

No cabe duda, la historia se empeña en condenarnos justo cuando la nave se disponía a despegar, cuando nos acercábamos a la gloria sin retorno. En el momento de dar el brinco para mover a México llega la canija realidad y nos vuelve a sumir en el pantano… ¿la fatalidad es cuento de nunca acabar?

No se trata de minimizar la necesidad de las reformas estructurales. Vencer tabúes patrioteros para cambiar las reglas del juego y eliminar en el papel algunos de los lastres que frenaban al país no es tema menor. A pesar del efecto negativo de una reforma hacendaria incapaz de otorgar dinamismo a las actividades productivas, los cambios en el terreno energético y la intención de frenar las viejas prácticas discrecionales con promesas de transparencia y fortalecimiento de órganos reguladores son señales que infunden certeza y confianza a los agentes económicos mundiales. Hasta ahí, todo iba bien.

Pero el guión ha cambiado de manera abrupta. La narrativa del progreso inminente quedó postergada por la violencia flagrante y la impunidad rampante.

La tragedia de Iguala marca un hito en la vida nacional. Más allá de las investigaciones ministeriales, nada detiene la crisis sociopolítica desatada por la desaparición y muerte de los normalistas y otras personas inocentes.

En el ambiente flotan el hartazgo y la indignación.

La demanda colectiva es por respuestas institucionales prontas y duraderas, no sólo por la plena certeza de lo ocurrido sino por recomponer las instituciones de seguridad pública e impartición de justicia.

Ningún cambio prometedor puede funcionar sin la solidez del estado derecho. La inseguridad, la cultura del abuso, el agandalle, el uso patrimonial del poder y los arreglos por encima de la ley no desparecen por arte de magia. La legalidad no se instaura de la noche a la mañana, sólo por obra y gracia de nuestros deseos.

Las críticas a la estrategia oficial contra la inseguridad quedaron cortas. De dos meses a la fecha, toda la basura acumulada abajo de la alfombra salió a la luz con fuerza incontrolable.

A Iguala sume Tlatlaya; los hechos de salvajismo que desnudaron nuestras miserias mostraran el poco interés de los tres niveles de gobierno por el respeto a los derechos humanos; nos recuerdan que la ley y la justicia son prescindibles frente a los intereses partidistas. Nadie se salva de este cochinero.

y al Ayotzinapa Moment agregue el escándalo de la Casa Blanca de Las Lomas, lo cual revive la historia milagrosa de la multiplicación de los panes y los bienes de nuestra dorada clase política. Sin una respuesta creíble, la opulencia de la familia presidencial hace recordar aquellos tiempos en que algunos administraron la abundancia hasta acabársela. La sospecha le da alas a quienes piensan que el viejo PRI esta de regreso con todos sus vicios y costumbres. ¡Vaya!… con este otro pésimo moment…

EL MONJE LOCO: Según una encuesta de la empresa Parametría –dirigida por Francisco Abundis–, el 63 por ciento de los mexicanos piensan que la gobernabilidad del país está en peligro, el 66 por ciento perdió la fe en la capacidad de las autoridades para atrapar a los responsables de la masacre de Iguala; 54 de cada 100 piensan que la federación es responsable de resolver el caso… puro pesimismo documentado. PUNTO Y APARTE: Se confirmó el pronóstico: Luis Raúl González Pérez rindió protesta como nuevo presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos para el periodo 2014-2019.

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx