El INE tiene un plan B sumado a otro plan B. En Oaxaca como en Guerrero, la autoridad electoral debe encontrar la salida a un laberinto cada vez más complejo. La oposición de la disidencia magisterial – CNTE o CETEG, da lo mismo– obliga a inventar nuevos pesos y medidas para garantizar la culminación del proceso electoral, trastocado por la ingobernabilidad en ambas entidades.

En Guerrero, el acoso constante de los maestros ha transformado los preparativos de la elección en un movimiento semi clandestino. Instructores y capacitadores recorren de incógnitos tres de los nueve distritos electorales del estado. Identificarse con una credencial del Instituto Nacional Electoral es un reto a la suerte en lugares como Chilpancingo, Tlapa o Acapulco. Las juntas distritales operan en la zozobra… con la amenaza permanente de tomas y plantones.

En Oaxaca la situación pinta del mismo color rojo. El boicot anunciado por la Sección 22 de la CNTE coloca bajo asedio las sedes de los Consejos Locales en cada uno de los once distritos del Estado, pero además, cancela la posibilidad de instalar casillas electorales en casi 1 mil 200 escuelas, es decir, la quinta parte de los centros de votación.

El INE tiene contempladas sedes alternas, tres por cada casilla. El problema no es burlar a los maestros, ni encontrar artificios para cumplir con el mandato constitucional; el tema de fondo es que todos los malabares realizados por el INE terminarán siendo una simulación de la normalidad democrática. Quienes resulten electos a escondidas, difícilmente tendrán legitimidad para cumplir su encargo.

EL MONJE LOCO: Harta que MVS alegue un conflicto entre particulares para justificar el despido de Carmen Aristegui, cuando lo privado trasciende a lo público al cancelarse una tribuna informativa independiente; una cosa es lo legal, y otra lo legítimo. Para el gobierno, la sospecha por la cancelación del noticiero de Carmen tiene repercusiones políticas; deriva en un acto intimidatorio que degrada contrapesos para mantener el equilibrio democrático; es otro escándalo que aturde; otro mal mayor. ¿Acaso en Los Pinos no lo saben? Aun a riesgo de soportar los excesos y el activismo de la conductora en cuestión, el gobierno necesita el rigor crítico de aquellos quienes revelan lo que el poder esconde, a menos que –como parece– prefiera un coro complaciente de informadores –defensores de oficio– para seguir mirándose al ombligo sin molestias.

 

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