La Ciudad de México ha tropicalizado un invento surgido de las más célebres protestas mundiales; es un salvoconducto infalible para evitar el estorbo de las leyes y la acción de la justicia.

No es un documento sino un trapo; puede ser camiseta, sudadera, “rompe vientos”, o un simple paliacate o pañuelo con todo y mocos… cualquier género textil propicio para encapuchar el rostro y la cabeza de los violentos en aras del anonimato.

Una vez colocado el trapo, usted y sus amigos –porque se recomienda portarlo en pandilla– pueden hacer lo que les de la gana: mentar madres, lanzar bombas molotov, romper vidrios, saquear comercios o golpear policías, con la plena seguridad de que no serán tocados ni con el pétalo de una macana.

Si en cambio usted es un menso manso ofuscado sin capucha para protestar de manera legítima contra cualquier injusticia le garantizo que recibirá un riguroso tratamiento “especial”, no precisamente comedido.

El GDF, respaldado por la ALDF, ha elegido el camino fácil; no combatir ningún ilícito cometido por los violentos encapuchados al amparo de la protesta social; para la autoridad de la CDMx sale más barato dejar en manos de las compañías aseguradoras el pago por los estropicios vandálicos a la propiedad privada que enfrentar el desgaste provocado por los reclamos y las movilizaciones de aquellos que seguramente querrán convertir a los delincuentes embozados en presos políticos… paladines de la democracia

Una vez capturados, los fieros anarco violentos mentarán la letra escarlata de la represión para denunciar a las abusivas manadas de gorilas policiacos.

El fantasma de la represión, y sobretodo el interés político, llevó a la ALDF –presidida por Manuel Granados– a cambiar en diciembre de 2012 el artículo 362 del Código Penal local, para reducir el castigo a quien cometa el delito de ataques a la paz pública. La reforma –hecha a conveniencia y medida del PRD– blindó a la izquierda, sí, pero también al vandalismo encapuchado.

Cabe decir que la propia autoridad no se ayuda. El ridículo del 20 de noviembre, la torpe actuación policiaca y la ineficacia del Ministerio Público tiene pasmado al Jefe del GDF quien quedó atrapado ante la disyuntiva de permitir la destrucción o frenar a los violentos a cualquier costo.

Miguel Ángel Mancera afirma que el monopolio de la violencia de la fuerza pública es el último recurso en las manifestaciones. Habremos de preguntar: ¿Último recurso antes de qué? ¿De un muerto, de uno o varios heridos graves, de un incendio? ¿Dónde queda el límite de la tolerancia?

El Jefe de Gobierno parece no advertir el riesgo a su credibilidad y autoridad ante la mayoría de los capitalinos quienes perciben debilidad por la renuncia al cumplimiento de la primera obligación del Estado: brindar seguridad a personas y propiedades. La laxitud o el miedo de la administración capitalina pone en duda los beneficios de la democracia.

¿Por cierto, si como se ve, el GDF vela con celo los derechos humanos de los anarco violentos, quién protege a los policías quienes exponen la vida en el cumplimiento del deber?. La pregunta es de Diego Fernández de Cevallos.

EL MONJE LOCO: Honra haber conocido el genio de Vicente Leñero, también reportero; leerlo es amarrarlo para no soltarlo. No cabe el olvido para nuestro Chespirito del drama… PUNTO Y APARTE: Los únicos enfermos ignorantes son quienes repiten que el Presidente de la República está malo… de salud.

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx