Dos fantasmas espantan el sueño perredista: José Luis Abarca y Andrés Manuel López Obrador.

 

La noche trágica de Iguala, la corrupción criminal y la sombra de la narco política calan hondo en la conciencia del Sol Azteca. Por eso la dirigencia Chucha toca con urgencia el zaguán de la Procuraduría General de la República (PGR), entrega sus listas de candidatos y candidotes, y hace “changuitos”; reza para no volver a equivocarse; cualquier otro  aspirante de negro historial sería devastador… peor que tropezar con la misma piedra; el último clavo del ataúd.

 

La intención de los amarillos es blindarse de pies a cabeza; repartir con el gobierno federal la responsabilidad del palomeo, aunque lo niegue Jesús Ortega, líder de la tribu Nueva Izquierda. Cualquier pájaro de cuenta que pudiera filtrarse en la elección del 7 de junio, habría sido avalado por la PGR. La maña es repartir culpas en caso de emergencia.

 

López Obrador también inquieta, y mucho. El tabasqueño es sin duda el principal enemigo a vencer; Morena es partido de un solo hombre, y el éxito o fracaso de la nueva fuerza política depende de astucia y el colmillo retorcido del Mesías Tropical. La estrategia  perredista para combatir a AMLO es clara: demandar al INE una tarjeta roja contra Morena argumentando la adelantadísima campaña presidencial de El Peje, denunciar el extremismo, recurrir al alto contraste entre la izquierda radical e intolerante y la izquierda pactista, obsecuente, responsable y progresista.

 

Los Chuchos saben de lo que hablan. Ellos mismos protegieron y respaldaron las ambiciones de ex Jefe de Gobierno mientras garantizó una importante cuota de votos mientras fue dueño fáctico del PRD. Hoy las cosas son distintas, la suma que antes garantizaba un fructífero matrimonio de conveniencia se ha transformado en una resta provocada por el peor de los divorcios… y el pleitazo mete mucho más ruido al chicharrón…

 

EL MONJE LOCO: “La Banda del Tucán” chilla cada vez más fuerte; rompe tímpanos; se está quedando solo como la una. El INE pegó al Partido Verde donde más duele: en los bolsillos que quedan abajo del cinturón. El cobro de multas los deja sin aliento. El hueco financiero provocado por las infracciones de casi 200 millones de pesos –sólo en abril van 26.9 millones–… equivale a toda la lana invertida hacer  el gran negocio, perdón quise decir la gran campaña.

 

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