México pierde la fe en el Presidente. Así podría titularse el compendio de encuestas publicadas a propósito del segundo aniversario de Enrique Peña Nieto en el poder.

Tras tres tristes meses, desde luego nadie esperaba una calificación positiva; la frase “el peor momento del gobierno” tornó en lugar común, o en términos tuiteros, en trending topic –etiqueta de alto impacto–.

Intuíamos la caída, pero ignorábamos la magnitud.

Este lunes, aparecieron dos estudios de opinión: el de Buendía & Laredo –para el diario El Universal, y el realizado por el periódico Reforma. Ambos con devastadores; exhiben el desplome de la aceptación al trabajo presidencial en el último trimestre.

Ambos sondeos coinciden en un nivel de aprobación que ronda el 40 por ciento, pero difieren en cuestión de opiniones negativas. Según Buendía & Laredo, el 50 por ciento de los mexicanos desaprueba la gestión federal; para Reforma, la cifra dispara el 58 por ciento. El primer caso reporta una caída de 5 puntos en las percepciones positivas, mientras el segundo refleja un descenso de once puntos porcentuales; es el peor nivel de aprobación desde Ernesto Zedillo durante la crisis económica a mediados de los noventa.

Claro, no falta el genio comunicador quien le baja al ruido diciendo que Peña Nieto tiene un nivel de aceptación semejante superior a cualquier otro gobernante latinoamericano… como si eso importara tanto.

El deterioro de la imagen presidencial no es gratuito; mucho ayudan al desastre quienes pretenden callar la estridencia; pintar de rosa el rojo intenso.

Los números son reflejo inmediato de la crisis política, pero detrás de ellos hay un proceso complejo de hechos y factores que modifican la opinión pública.

La Tercera Encuesta Nacional en Viviendas –publicada la semana pasada en Excélsior sobre la percepción de los mexicanos acerca del país y su gobierno, deja muy claro que el malestar hacia la figura presidencial tiene que ver con la mala situación política y económica. Hace un año, el 40 por ciento de los mexicanos pensaban que la situación general había empeorado con respecto a 2012; el número de pesimistas aumentó en esta ocasión al 48 por ciento. Para el 67 por ciento, la situación política nacional es preocupante y la situación económica es peor para un 44 por ciento. Según el sondeo realizado por BGC –Ulises Beltrán para Excélsior, los principales problemas nacionales son económicos –37 por ciento– y no de seguridad –29 por ciento–; la situación económica ha empeorado para más de la mitad de la población.

Un dato interesante es el aumento del interés en la política a raíz del caso Ayotzinapa. Un 67 por ciento dice involucrarse o por lo menos estar informado, cuando hace tres meses la cifra alcanzaba apenas el 55 por ciento.

Si nos atenemos a este último dato, vemos que el malestar con el Presidente y su equipo va mucho más lejos que una simple reacción visceral. Independientemente de filias y fobias, los números documentan el pesimismo nacional. El magro crecimiento económico repercute en el bolsillo de los mexicanos de a pie; la inseguridad y la impunidad siguen presentes y en aumento, aunque el gobierno haya pretendido soslayarlas.

Los n los impuestos… pero hasta 2016.

.rúmeros rojos no mienten ni permiten vislumbrar buenos augurios; la actitud positiva solicitada al pueblo por el Presidente, no tiene de donde sostenerse… y menos con los “genios” que lo rodean.

EL MONJE LOCO: A propósito de sinsabores presidenciales mejor le recomendamos al señor Peña salir de su cápsula mexiquense y bajar de la nube en que anda rodeado de serviciales, para echarse un clavado en “La Tormenta”, pintoresca cantina de la calle de Lerdo, en la Guerrero, frente al legendario Salón Los Ángeles, donde, por cierto, podría sacarle brillo al piso en lugar de intentar bajarle al volumen a la sonora realidad… recalentando viejas ideas.

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx