Memorias del subdesarrollo

UNO

—M’ijo deberías irte a la casa, yo ya estoy aquí sentada —le dijo una anciana a su hijo que la llevó al punto de vacunación en el Centro de Convenciones.

—¿A qué verga voy yo allá? —respondió con acento acapulqueño quien desde las mallas de contención vigilaba los movimientos de su progenitora.

“T’a bueno, pues”, dijo la señora y volvió a su asiento en espera de la segunda dosis de la vacuna china Sinovac.

DOS

Los llamados Servidores de la Nación en el Convenciones tienen casi formación militar. Digo eso, por tercos, rígidos, al cumplir con ciertos protocolos, aunque los vínculos familiares, de amistades o filiación política los rebase. Sí, parecen soldados.

Las sillas bien ordenadas en filas de 10 para casi 200 madrugadores.

Vestidos con su chalecos todos cenizos por el uso y las lavadas, los siervos marcan con sus gritos sus estatus, su jerarquía, su poder. Sí, parecen soldaditos de lata.

Una adulta mayor servidora de la nación, cabello desteñido que exige a gritos la renovación del tinte rubio para esa mata de pelos lacios que derramados apenas si alcanzan sus hombros camina presurosa. Ella diligente va hasta el frente por una silla. Alguien de su grupo, creo que con más autoridad le grita:

—¡Hey! ¿A dónde llevas esa silla?

Algo responde la aludida en su descargo apagando los gritos disciplinarios de la comandante de su pelotón.

Discretamente sigo sus pasos que llegan hasta la entrada principal a la zona de espera para la vacunación.

Abren las vallas metálicas y dan a paso al ex candidato de Morena al gobierno del estado, hasta que Mario Delgado lo bajó de una supuesta terna que compartía con la hija de Félix Salgado Macedonio, y el empresario de bienes inmuebles, con funciones de presidente del partido vino tinto en Guerrero, Marcial Rodríguez Saldaña.

Era Alberto López Rosas, quien fue tomado del brazo y llevado a la silla colocada en la última fila de la zona VIP, como me gusta llamar a esa área que ocupan los madrugadores en busca de vacunación.

López Rosas, con agradecimiento al gesto disciplinario de la servidora de la nación lo cede a una anciana que espera sentada en el muro de cemento por donde corre la malla metálica que bordea al Centro de Convenciones.

La viejita agradece el gesto de caballerosidad, amabilidad y solidaridad del político acapulqueño. La servidora de la nación que buscaba quedar bien con el lajeño se negaba a cumplir la voluntad de López Rosas. El ex alcalde llegó a las 6 am y el lugar en la línea se lo apartó su chofer.

TRES

Un siervo de la nación me pide que me siente, que me vaya a mi lugar. Yo soy un poco enemigo de la disciplina cuando viene de alguna autoridad, de un sujeto que actúa como un supuesto soldado.

Yo argumento que no entorpezco el trabajo de nadie, que sólo pretendo ver y oír historias para escribirlas.

—¿Usted qué es? –me responde prepotente este negro que parece mi paisano, de la pura Costa Chica.

—¿Tu qué crees? –con mamonería le respondí.

—No sé. Pero sí usted viene a acompañar a alguien debe de estar atrás de la valla, me respondió.

—Soy reportero –le digo.

—Y dónde está su identificación. Los periodistas sólo pueden entrar 15 minutos y con permiso –me dice el orgulloso siervo de no sé qué.

—Además de reportero vengo a la vacunación –contraataco.

—¿Dónde está su identificación ? La debe de traer colgada. ¿Dónde está su ficha? –embiste el soldado de la 4T.

Le muestro la ficha y le digo que me desempeño en ese momento como periodista y paciente.

—Eso no puede ser. Aquí viene usted como una cosa u otra –me dice el razonable soldado de la terquedad.

—No mames pues –le sorrajo el sarcasmo en la jeta. Y remato con un: “Mira, brother, vete a hacer tu chamba y déjame hacer la mía, antes de que te mande a la verga”.