
Hoja verde
La oligarquía cevichera no limpia la bahía
Me dice un amigo que ha estado cerca de la corrupta CAPAMA, caja chica de gobiernos municipales, desde donde se construyeron fortunas, se hicieron candidatos políticos a diversos puestos de representación, saqueada por presidentes municipales del PRI, del PRD y actualmente por los recomendados y amigos de la presidenta municipal Adela Román Ocampo de Morena. Sí, me decía un amigo, que en los últimos 15 años jamás había ocurrido que cuatro playas turísticas del puerto de Acapulco rebasaran los límites permisibles de enterococos (materia fecal, caca pues).
La norma permitida de contaminantes microbiológicos (200 enterococos en 100 ml de agua de mar), como lo establece la NOM-120-SCF1-2006 para aguas de mar de uso recreativo. Hoy esta norma fue rebasada por mucho, en cinco de las 25 playas que ofrece Acapulco a los bañistas.
Tiene razón mi amigo, no habían sido cinco al mismo tiempo, pero desde hace algunos años el organismo federal, diría yo con mucha prudencia, ha venido siguiendo la sanidad de las playas sin afectar los intereses de los turisteros y de la gente en el gobierno, y ha vetado una o dos playas del puerto en cada verano desde hace algunas décadas.
La contaminación detectada por la Cofepris no es sólo un jalón de oreja al cochinero al que tenemos sometida a nuestra gallina de los huevos de oro, la bahía de Santa Lucía, es un llamado urgente por una fuente de contaminación que pone en riesgo la salud de bañistas del puerto de Acapulco y de los visitantes.
Desde hace tiempo, las autoridades han respondido a las sanciones de la Cofepris como a las llamadas que hacen las campanas de Catedral a misa, o las han echado al drenaje para que vayan a la bahía al fondo del mar. O se han comprado falsas categorías cosméticas con títulos rimbombantes “con playas limpias”, “banderas azules”, para seguir engañando a propios y visitantes. Ya es hora de reconocer el problema y darle solución a corto, mediano y largo plazo.
Pero este drama, que las autoridades municipales y estatales quieren atenuar, es consecuencia del pillaje a que han estado sometidos los organismos dedicados al saneamiento del agua y de la bahía.
Principalmente, se debe al poco interés que los gobiernos municipales han puesto al saneamiento de las aguas residuales que desembocan directa o indirectamente a la bahía de Acapulco.
El principal problema es la falta de mantenimiento preventivo antes de la temporada de lluvias al colector de la Costera Miguel Alemán (Caleta-Base Naval); así también la inoperatividad de la planta de aguas residuales Aguas Blancas y La Mira, las cuales sólo operan a un 15% y 20%, respectivamente.
Además de una nula desinfección en el 100% de los escasos 650 litros de aguas residuales que medio se tratan, en tan sólo nueve plantas de tratamiento de las 19 existentes en el municipio. En realidad, es un daño al medio ambiente a los ríos, lagunas y playas de Acapulco.
El paquete incluye la inconsciencia de nuestra oligarquía cevichera acostumbrada a quitarle los huevos a la gallina y a no limpiar el gallinero. Hoteleros y restauranteros, con la complicidad de las autoridades de los tres órdenes de gobierno, arrojan aguas negras al mar. Y también los ciudadanos de las partes altas, que a falta de fosas y drenajes arrojan sus desagües a los cauces pluviales. Todo eso tiene convertido a la bahía de Acapulco en algo parecido a una letrina.
Basta de discursos. Es hora de reconocer el problema y trazar acciones para darle solución. Y esto comprende a todos los que vivimos aquí, principalmente, a los que se han enriquecido, a los que se han hecho ricos vendiendo y promocionando Acapulco.
¡Ya basta!