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Foto: Especial

Acapulko tropikal/Misael Habana de los Santos

Misael Habana de los Santos
 
| 16 de mayo de 2018 | 9:55
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Más de la disputa millonaria en Punta Diamante

Un verdadero galimatías bajo el cobijo del influyentismo y el dinero resulta el conflicto entre particulares, la familia Plata Torreblanca y el candidato a diputado por el distrito 10 de Morena, Arturo Martínez Núñez.

La disputa jugosa de 5 mil metros cuadrados, en la otrora propiedad del ejido de La Zanja, arrebatado con el poder de la firma de gobernadores y políticos corruptos a sus verdaderos propietarios y ahora apetitoso negocio de desarrolladores turísticos bautizado pomposamente como Punta Diamante.

Un zipizape legaloide al mejor estilo de lo que el candidato a presidente de la República por Morena, Andrés Manuel López Obrador, llama la mafia en el poder, en este caso, en su expresión vernácula y tropicalizada. Veamos.

Si hubiera Estado de derecho y, por lo tanto, legalidad, no tendría que haber conflictos como la demanda en contra del candidato de Morena al distrito 10, Arturo Martínez Núñez, sobrino de César Núñez e hijo de Arturo Martínez Nateras y María de la Luz Núñez.

Supongamos que Acapulco desde que fue descubierta por sus fundadores como una potencial mina de oro del turismo que se construyó sobre el abuso de la expropiación y el robo de tierras a sus legítimos propietarios para beneficio de inmobiliarios responsables de la degradación ecológica de este paraíso a casi ochenta años, esto no debería seguir pasando. Pero así continúa.

Supongamos en beneficio de las dos partes en conflicto que el origen de esto es que la Promotora Turística de Guerrero (Protur) pudo haber vendido el mismo terreno a dos o más compradores. Aunque la OPD asegura que no y ratifica que hay un sólo dueño, nosotros, por los usos y costumbres, afirmamos que puede ser lo contrario.

Nada descabellado en una OPD que ha estado en manos del “honorable” Colegio de Notarios, los que según la vox populi han vendido hasta el patio trasero de la ciudad para beneficio propio. Un recuento, nombre por nombre, nos daría mucho que pensar.

Volviendo a la disputa de la millonaria propiedad es necesario dar otras dosis de información.

El terreno en cuestión “comprado” a los ejidatarios de La Zanja era un lote de 10 mil metros cuadrados que compraron la notaria Bella Hernández Felizardo y el ex miembro del Partido Comunista Mexicano, Arturo Martínez Nateras.

La fedataria al poco tiempo de adquirirlo vendió sus cinco mil metros cuadrados a otro particular. Por su parte, Martínez Nateras, según Protur, se lo vendió a la OPD por la intervención del entonces gobernador de Guerrero y ahora líder nacional del PRI, René Juárez Cisneros, quien dio la anuencia y el monto de la compra de la ex propiedad ejidal.

Los actores de esta trama con tintes de una telenovela sobre la corrupción en Acapulco son figuras conocidas en primer y segundo orden de participación, algunas simples histriones de reparto, entre ellos: gobernadores, políticos de izquierda y de derecha, notarios, funcionarios públicos, particulares inmobiliarios. Todos, todos los responsables de la destrucción de este paraíso que fue Acapulco.

Pero esta historia da para otros capítulos. Continuaremos.