Urge un cambio en Acapulco

Hoy Gerardo Rosas Azamar ya no se presentó a su trabajo. Con lo que se convirtió en el tercer secretario de Seguridad Pública del Ayuntamiento de Acapulco.

El tercer responsable de la seguridad en un municipio rebelde e ingobernable que encabeza la ex magistrada Adela Román Ocampo, llevada al poder por Morena para iniciar aquí el gobierno de la 4T.

Fuentes confiables aseguran que la renuncia del capitán de Marina fue puesta sobre la mesa de la alcaldesa hace ocho días y de inmediato se puso a consideración al calor de los últimos hechos en esta ciudad de la furia: vehículos quemados, transportistas amenazados, cobros de cuotas, asesinatos en la Costera, falta de agua en la ciudad, corrupción, nepotismo… etc. Y todo eso que Adela llama golpe de Estado “suave”.

La ciudadanía pendiente de la cosa pública lo que ve es incapacidad y falta de gobernanza en un equipo de gobierno que no se ha auto aceptado como “gobierno diferente”, es más que ni lo quiere ser; un grupo que no ha aceptado el mandato y la misión que le dio el voto el año pasado: un gobierno que transformará la vida pública.

Y se fueron por lo fácil, a lo que habían llegado, a repetir el rol del pasado, las componendas, los amigos, los familiares, las tranzas, los moches, “si no es ahora cuando” …

El gobierno de la 4T en Acapulco lleva un año y la percepción pública es que no se ha hecho nada por iniciar el cambio o no se ha comunicado bien lo que se está haciendo.

¿Qué se ha hecho para combatir la corrupción? ¿Cuánto se ha ahorrado la alcaldía por este motivo? ¿Cuándo veremos un gobierno de a pie, como anda AMLO? ¿Cuándo veremos a Adela Román dejar de ser como la reina de la primavera que pasa por las avenidas seguidas de vehículos artillados y con guaruras?

Urge un cambio en Acapulco, un cambio de verdad que dé certezas a la población, seguridad y servicios. Porque hasta ahorita sólo hay una gran disonancia entre lo que se dice y lo que se ve.

Y en pueblo chico, dijera el cantante, luego se sabe quién está estrenando amante o lo que es lo mismo: todo se sabe. Y lo que se sabe es que no se ha hecho nada por construir lo que nos habían prometido.