El engaño del tamal más grande del mundo

¿Singular o plural? En el asunto del “Tamal más grande del mundo”, esa es la cuestión.

¿Es necesario realizar estudios académicos en turismo en una Universidad, para concluir planteando estrategias de mercado para atraer turistas romper un Récord Guiness haciendo “el tamal más grande del mundo”? Habiendo otras prioridades, esto solo se le puede ocurrir a un cabeza hueca.

Pero lo más grave es que el autor de tremenda tontería pueda convencer de esta estrategia del mercadeo chafa, a autoridades provenientes de la izquierda política local, por cierto, muy lo-cal, que los vislumbraría más pensando en sesudas e imaginativas propuestas acordes a un gobierno humanista y de auténtica transformación. Tal vez romper un récord en organizar el mayor número de festivales culturales y artísticos en colonias populares, en la siembra de mayor cantidad de árboles en el municipio, etc., y no el reciclaje más barato del comercialismos, de manipulación y de demagogia que mira al pasado.

Me podrán decir los organizadores de esta tontería, para utilizar una palabra suave, que el éxito o fracaso se verá en el número de asistentes. Y yo les respondería desde hoy que “a la gorra ni quien le corra”. Repartir comida gratis en el pueblo ya lo hacia el PRI, es una fórmula probada, garantizada para “el éxito” y la concentración del lumpen. Pero, ¿cuál éxito? ¿Eso es lo que plantea la 4T local como estrategia para atraer turismo social a nuestra contaminada bahía?

¿No sería mejor limpiar nuestras playas, sanear nuestra bahía, sembrarla de vida y alejarnos de ser el referente de las “playas más contaninadas” de mierda en el país en cada periodo vacacional? Ese nefasto récord que podría llevarnos a un Guiness, si estos reconocimientos fueran reales y no comprados.

¿Es así como justifica su existencia la Secretaría de Turismo Municipal y su adiposa burocracia que sólo devora los recursos públicos que podrían ser aplicados en otras áreas? Burocracia que existe por la voluntad de las autoridades ganadoras en los procesos electorales y que sólo se justifica como premio a la obediencia, al lisonjeo de un grupo sin conciencia política auténtica.

El actual secretario de Turismo municipal, de quien omito su nombre por su intrascendencia académica, viene de los grupos universitarios de la Uagro que simpatizaban con el priísmo y que hoy se traviste de izquierdista color vino tinto.

Sí el secretario de Turismo municipal y su equipo se hubieran molestado en investigar un poquito sobre gastronomía nacional pudieron haber encontrado la historia del tamal y de ahí construir algo más acorde con nuestra terrible realidad turística y no quedarse tan sólo en la frivolidad de la cultura de la big hamburguer, la carrera de meseros o la descerebrada propuesta del tamal más grande del mundo en un gobierno de la 4T.

Uno: el tamal (del náhuatl tamalli), en singular, es un alimento de origen mesoamericano preparado generalmente a base de masa de maíz rellena de carnes, vegetales, chiles, frutas, salsas y otros ingredientes. Es de una sola pieza. Y se cuece en una olla con agua caliente o vaporera, a fuego lento.

Aquí el detalle, envueltas en hojas vegetales como de mazorca de maíz o de plátano, bijao, maguey, aguacate, canak, entre otras, e incluso papel de aluminio o plástico, y cocida en agua o al vapor. Pueden tener sabor dulce o salado.

Sí, eso es el tamal. Una sola pieza hace el singular. Una olla serían tamales. Es decir, que para hacer el tamal más grande del mundo, la masa envuelta en algo, se requerirán kilos y kilos de materias primas envueltas en hojas gigantes y una descomunal vaporera que constituya esta pieza única de competencia. 

Si no, sólo se logrará el mayor número de tamales reunidos, ensamblados, pegados en sus cuerpos de carbohidratos mal envueltos, alineados, en fila India, que se haya realizado, al menos, en Acapulco.

Ya veremos con qué nos salen el domingo estos teóricos del turismo local. Ojalá que no sea que con unos tamales mal amarrados, grotescos, que ni la burla perdonen.

Lo que la gente espera es UN tamal. Es lo que prometieron a “los jueces” del negocio Guiness, en este caso un fardo grande, gigante, más que una gran cantidad de tamales, alineados, ensamblados y que nada tienen que ver con este platillo.

La ocurrencia del evento amerita una sanción y hasta una remoción de los responsables de una dependencia municipal, que una vez más demuestra que no sirve para poco y para nada.

¡Provecho!