
Hoja verde
Así tembló en Huazolotitlán
El primer viernes de Cuaresma es la fiesta más grande de mi pueblo, que en sus nombres porta orgullosa su historia de denominación y rebeldía.
Fue hace cuarenta años, en 1968, siendo un nuevo niño vi el terror que ahora se repitió, real y escandaloso, al ver caer las torres del templo dominico de un poco más de 300 años. Aquel temblor nos marcó de por vida y este último también dejará profunda huella.
Este primer viernes de Cuaresma la tierra nos recordó de que estamos hechos en este sur pobre, donde todas las plagas bíblicas nos atacan: peste, hambre y gobernantes corruptos, desde gobernadores, pasando por sus presidentes municipales y diputados de todos los partidos políticos que han hecho del servicio público un botín: robar, robar, robar… robarle el dinero a los más pobres de este estado sin que vayan a la cárcel y que, cínicos, después de todo suban a su muro: “Huazolo está de pie”.
Los oaxaqueños, ricos en cultura y tradiciones, orgullosos pueblos originarios, pero condenados en su tierra que expulsa a sus pobres a ganarse la vida por el mundo, han construido y reconstruido sus pueblos cada vez que nuestra naturaleza volcánica lo permite.
Este viernes estábamos de fiesta, toda una semana comulgando con los habitantes de los pueblos y comunidades vecinas, hasta que nuestro verdugo principal, la naturaleza, lo permitió.
El temblor nos recordó de lo que está hecha nuestra tierra y que pareciera que siempre tendremos que caminar cuesta arriba y que está subida al cielo, histórica, pesada, digo yo, tiene que cambiar o al menos tiene que ser menos dolorosa.
Para empezar los ciudadanos tienen que tomar la observancia de la reconstrucción. Levantar nuestros pueblos con políticas de construcción apegadas a nuestras tradiciones y culturas. El cemento y la varilla no son la única solución para nuestra región. Tenemos que revisar cómo se construía antes con materiales de la región.
Tenemos que vigilar el uso de los recursos y de la sociedad civil, a través de comités ciudadanos, que lleguen para la reconstrucción sin que sean substraidos por las autoridades o dirigidos hacia otros fines, electorales o políticos. Oaxaca tiene elecciones, cambios de legisladores y presidentes municipales dentro de unos meses.
Los comités ciudadanos deben ser integrados por ciudadanos que garanticen el uso transparente de los recursos para la reconstrucción y que informen a las comunidades.
Yo nací en Santa María de La Asunción Huazolotitlán, Oaxaca, un pueblo que, de tan viejo, lleva todos estos nombres sin olvidar el verdadero, el auténtico.
Los aztecas, cuando llegaron, le impusieron Huazolotitlán; cuando los españoles llegaron por estos lares lo bautizaron como Santa María de la Asunción; los indios seguidores del zapatismo y del general Maurilio de los Santos que combatieron al cacique de Jamiltepec Don Dámaso Gómez y al carrancista general Baños, de Pinotepa Nacional, le llamaron Ñuu Yeende. Sí, en lengua Naa Savi, como se llama sus actuales habitantes.
Playa Revolcadero…
Catorce muertos al aterrizar un helicóptero de La Marina en Jamiltepec, Oaxaca. A quince minutos de Huazolotitlán, donde venían los señoritingos a supervisar los daños provocados por el temblor.
Ellos, el gobernador de Oaxaca, el secretario de Gobernación, ni el Ejército, un día después, no se han parado en Huazolotitlán.
—Se cayó un helicóptero en Jamiltepec donde viajaba el gobernador. ¿Y se murió?
—¡Chin! Se salvó Murat, le dijo un mixteco a otro cuando supo del accidente.
Así es el cariño que le tienen a su gobernantes.
¡Y la Costa sigue temblando!