
Hoja verde
Tejorones y Chaniguelas en La Nao
Todo surgió bajo un corredor de una casa de tejas en Huehuetán, una tiendita en la Costa Chica.
Muchas cervezas heladas que animaban la refrescante conversación entre amigos, trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (del Fuerte de San Diego de Acapulco) y reporteros de la prensa cultural acapulqueña, en el caluroso mes de agosto de este año.
El animador principal era Víctor Hugo Jasso, un pozo profundo de conocimientos que concluía con éxito, como curador, otro más de sus proyectos, el Museo de Cultura Negra en esa entidad, patrocinado por las hermanas Bety y Tere Mojica, y que fuera de reflectores y en mangas de camisa compartía sus conocimientos sobre las diversas expresiones culturales entre los pueblos negros e indios de la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca.
Y desde luego salió el tema de mi mayor ensimismamiento: Huazolotitlán, sus expresiones culturales y “la sana convivencia” secular entre negros, indios y mestizos sin llegar a enfrentamientos violentos como entre otros lugares.
Cité uno de los libros de la antropóloga francesa Veronique Le Flanet, Viviré si Dios quiere, (la autora tiene otro que se llama Mexico, país de la muerte), editado por el entonces Instituto Nacional Indigenista (INI) que es una profunda investigación sobre la violencia en la Costa Chica y que pone atención en una danza mixteca de carnaval que se ejecuta allí y que se llama La danza de los Tejorones y Las Chaniguelas (distorsión de los vocablos mixteco, el primero Toong, negro; y Chagnu Vela, viejos de hilo).
Comentario aparte quiero presumir que ese entonces, siendo estudiante de la UAM Xochimilco, but of course, platiqué, acompañé en algunos de sus recorridos a La Flanet y hasta bailé con ella en las fiestas populares de Huazolo varios boleros y cumbias interpretadas por Los Géminis, el grupo musical de moda en aquel tiempo en el rumbo.
Llegó octubre y uno más de los exabruptos del gobierno municipal de Acapulco y su burocracia cultural ignorante e inútil: el intento de cancelación del Festival La Nao y la casi inmediata reculada del presidente municipal ante la airada respuesta de la comunidad cultural porteña.
Manuel Maciel me invita a una reunión en El Fuerte de San Diego y asisto con otros conocidos activistas culturales que proponen hacer un festival independiente. El anfitrión de la reunión en El Fuerte, Víctor Hugo, dice ahí que no puede haber otro festival y que la institución que representa, por obvias razones, no puede ir por esa vía.
Para no hacer largo el cuento se anuncia ahí una ruptura y lo que se dará a conocer días más tarde, afortunadamente, como otro festival cultural que está programado para días antes de que se realice el de La Nao.
Sin embargo, se redacta un oficio dirigido al alcalde donde se le exige la realización de la versión oficial del evento y se le informa que de no hacerlo la responsabilidad la tomará El Fuerte de San Diego, que ha sido sede tradicional.
Días posteriores a la reunión me habla mi amigo Víctor y me dice que a la hora de entregar el oficio en el ayuntamiento se reúne con Evodio y le pide, ante la ineficiencia de su Dirección cultural, organice el evento.
Entonces me informa que el perfil de esta edición de La Nao pondrá acento en las cuatro raíces étnicas que pasaron por Acapulco: cafés, blancos, negros y amarillos.
Y me pide lo conectara con los ejecutantes de la danza de Las Chaniguelas y los Tejorones, en donde los mixtecos se burlan de negros y morenos y que de acuerdo a la investigación de la antropóloga francesa representan al poder de las instituciones que oprimen al pueblo Ñuu Savi.
Le respondo que sí pero con una condición: no tener ningún vínculo alguno con el Ayuntamiento actual, por diversas razones estrictamente personales.
Y me puse ayudar al amigo que está metido en camisa de once varas para salvar está nueva tradición acapulqueña.
Así que habrá Tejorones y Chaniguelas en La Nao en un foro alternativo al del Fuerte y en donde también, tengo entendido, se presentarán expresiones culturales de los estados que fueron afectados por las pasadas contingencias.
Hay tanto lodo alrededor, que quise aclarar el motivo por el que decidí ayudar a contactar a los responsables de la danza mencionada, sin recibir ningún pago, que tampoco me ofreció. A mi amigo Víctor Hugo Jasso, organizador emergente de La Nao 2017: ¡Éxito, amigo!