CIUDAD DE MÉXICO, 25 de septiembre de 2020.- No obstante los cuantiosos ingresos que se obtienen por el turismo en destino de playa, en la actualidad es uno de los sectores más afectados por la pandemia de Covid 19.  

La llamada industria sin chimeneas se concentró, principalmente, en este sector. Los grandes desarrollos hoteleros y turísticos se enfocaron en invertir en las zonas costeras de México y el mundo.  

Así, por décadas los pueblos y zonas rurales quedaron marginados de los beneficios que genera el turismo, como la creación de empleos, progreso de las localidades y de sus habitantes. En suma, generación de riqueza que se traduce en bienestar. 

“Dedicarle un día al año al turismo tiene que ver con crear conciencia de lo que implica todo el sector, como un gran movilizador de personas y recursos. Es una de las actividades que modifican los territorios, su organización productiva y la sociedad en general. Transformaciones no siempre positivas”, afirma Gustavo López Pardo, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM.  

De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas (OMT), de 100 a 120 millones de empleos directos están en riesgo de perderse. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) prevé una pérdida del 1.5 por ciento al 2.8 por ciento del Producto Interno Bruto mundial. 

El investigador señaló que, a partir de los años 80, el camino hacia lo rural comenzó cuando el modelo “sol y playa” entró en un estancamiento por la alta demanda, y el turismo buscó promocionar nuevos destinos orientados a actividades en comunidades indígenas y a la naturaleza.  

Indicó que en esa década el campo mexicano entró en crisis, la actividad económica se contrajo y la población se tornó más vulnerable, por lo que el turismo se convirtió en un nuevo eje de acumulación de capital junto con la naturaleza y una opción para el desarrollo de las comunidades rurales.   

Más información en Quadratín México.