CHILPANCINGO, Gro., 8 de marzo de 2018.- Brígida Chautla Ramos, indígena nahua, es promotora de la salud reproductiva de mujeres indígenas de Chilapa y Ahuacuotzingo, y con 36 años de activismo, reconoce que el camino no ha sido fácil. A sus 64 años de edad afirma que el trabajo debe continuar “porque si una ya sufrió o se enfrentó a muchos obstáculos, lo que debes hacer es ayudar a que otra mujer no pase por eso”.

En 1983, se involucró en procesos organizativos con el comité de la colonia Los Pinos, en Chilapa. Ahí vio las necesidades de otras mujeres indígenas, que por temor al marido, al qué dirán y a la sociedad, no se atrevían a organizarse y buscar soluciones.

La organización campesina Sanzekan Tinemi ayudó a Brígida y a otras mujeres con proyectos de artesanías de palma y en 1990 lograron constituir la primera organización de mujeres en ese municipio, Titekij Ti Tojke Tajame Zihuajme (Las mujeres estamos trabajando).

Chautla Ramos fundó la organización Noche Zihuame Zan Ze Tajome, con la que denuncia que las mujeres de la región La Montaña baja aún son discriminadas por su condición de indígenas y por su lengua (náhuatl, principalmente), al momento de recibir los servicios médicos.

Actualmente coordina la Casa de Atención a la Mujer Indígena (Cami) Zihuachikahuac (Mujer sana, fuerte y valiente), donde se brinda atención a mujeres indígenas embarazadas y de escasos recursos, y se les acompaña en el parto, ya sea en hospital o con parteras tradicionales.

En entrevista para Quadratín Guerrero, con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora cada 8 de marzo, Brígida Chautla cuenta acerca de su trayectoria, su opinión del patriarcado, el feminismo y el rol de las mujeres en la sociedad.

–A usted le tocó vivir una vida difícil: no tuvo apoyo de sus padres, no concluyó sus estudios por falta de apoyos… hoy existen programas de gobierno o al menos eso dice el Estado: que se apoya mucho a las mujeres, ¿qué opina de eso?

–Es cierto –responde–, hay programas, hay oficinas de derechos humanos que antes no había. Pero en algunos casos, las personas que están frente a esos programas u oficinas no son sensibles. Yo pienso que cuando uno conoce esos programas, hay que orientar a más personas, sobre todo a mujeres. Si a una le tocó vivir experiencias no muy gratas, queremos que no se repita con otras personas. Y también debemos hacerle entender a las mujeres que sean perseverantes, que los cambios no llegan en el primer intento.

–¿Cree que los programas de gobierno son con fines clientelares?

–En una ocasión –explica–, hablé con un candidato (del cual se reservó el nombre). Él promovía apoyos según para las mujeres, y le dije que eso era campaña, porque las necesidades de la gente indígena están siempre presentes y no sólo cuando hay elecciones.

–Hay mujeres que ya han ocupado cargos públicos, en Chilapa hay varias mujeres que han sido presidentas, ¿cómo ha sido este papel de las mujeres en los puestos populares? ¿Son sensibles o son igual que los hombres?

–Soy dura en eso y con otras compañeras hemos dicho, que el hecho de que una mujer llegue a un puesto no es garantía de que realmente atenderá las demandas de las mujeres. Quizá no podemos generalizar, pero hay casos.

– ¿El papel de las mujeres es hoy más activo en la sociedad o aún hay celos por parte de los hombres?

–Seguimos viviendo un sistema patriarcado ­–contesta–, pero no sólo de los hombres, sino también de las mujeres. Y eso es complicado. No veamos la igualdad o la equidad tan sólo de que los hombres puedan cocinar. No. Vamos más allá. Nos hace falta mucho. Con mi esposo no fue fácil, fue complicado, pero con el tiempo se convenció de que lo que hago es beneficio para otras mujeres. Creo que la insistencia y los resultados, es prueba para que aquellos que no aprueban lo que hacemos, lo vean con buenos ojos.

–¿Tuvo que romper con el papel tradicional?

–Las mujeres que rompemos con los roles tradicionales nos enfrentamos a muchas cosas. Primero, a nosotras mismas, nuestros miedos, el qué dirán; la familia del marido, los mismos hijos. Porque como mujer, sentimos la obligación absoluta de cuidar a los hijos. Yo pensé, en base a lo que me tocó vivir: mi mamá se casó porque estaba sola y en los pueblos no toleran que las mujeres pueden estar solas. Yo dije no. Me puse a trabajar porque al rato por cualquier cosa mi esposo no esté, ¿yo qué hago sin trabajo? No logré conseguir una plaza de maestra y me ocupé en la gestión. Me costó el triple de trabajo y no hice caso al qué dirán… las mujeres enfrentamos todo tipo de críticas.

–A escala mundial se discute el tema del feminismo, ¿qué opina tiene al respecto?

–No debe de haber extremos, sino estaríamos repitiendo lo que los varones hacen. Los derechos son para las mujeres como para los hombres; hay que darnos los espacios, la única diferencia es nuestro cuerpo.

–En estos días se va a conmemorar el Día Internacional de la Mujer, ¿cuál es su postura?

–Las mujeres debemos seguir pelando espacios siempre, no sólo cuando se nos ocurra. Lo que se busca es la armonía. Todas debemos identificar lo que es beneficio para una y lo que puede ser benéfico para muchas mujeres. Una debe de asumirlo, de apropiárselo y difundirlo. Pero si una no se convence, no será posible convencer a otras mujeres.