El Listón Amarillo
EL NIÑO PUEDE AMPLIFICAR VULNERABILIDADES QUE YA EXISTEN EN EL PACÍFICO SUR
Sin caer en alarmismo, las señales asociadas con la evolución del fenómeno de El Niño obligan a colocar a la Región Pacífico Sur en el centro de la estrategia nacional de prevención y protección civil. El problema no radica únicamente en la posibilidad de enfrentar lluvias intensas, sequías, calor extremo o ciclones tropicales, sino en que estos fenómenos interactúan con una estructura económica caracterizada por alta pobreza, elevada informalidad laboral, dependencia de la agricultura de temporal, infraestructura insuficiente y profundas desigualdades territoriales.
En otras palabras, el riesgo climático no se distribuye de manera homogénea: un mismo fenómeno meteorológico produce daños económicos y sociales mucho mayores allí donde la población dispone de menores capacidades para prevenir, resistir y recuperarse. Por ello, para el Pacífico Sur El Niño debe ser entendido como un multiplicador de vulnerabilidades preexistentes.
Un riesgo meteorológico que puede convertirse en riesgo económico
Uno de los principales desafíos se encuentra en la posible combinación de lluvias intensas, ciclones tropicales y saturación de suelos. El incremento de la temperatura superficial del océano puede favorecer condiciones propicias para ciclones más intensos, aunque su comportamiento concreto dependerá de múltiples variables atmosféricas y oceánicas.
En Chiapas, la atención debe concentrarse particularmente en el riesgo de desbordamiento de ríos e inundaciones repentinas, mientras que en Oaxaca y Guerrero la compleja orografía incrementa la exposición a deslaves y movimientos de ladera. La consecuencia económica no se limita a la pérdida de viviendas: un deslave puede aislar comunidades, interrumpir cadenas de suministro, encarecer el transporte y dificultar el acceso a servicios básicos.
En una región donde numerosas comunidades dependen de una conectividad carretera limitada, la interrupción de un tramo estratégico puede convertirse rápidamente en un problema económico y social de alcance regional.
El segundo frente de riesgo es el agropecuario. La agricultura de temporal constituye una de las actividades más expuestas a la irregularidad de las precipitaciones. El problema no consiste solamente en que llueva poco o demasiado, sino en que la lluvia llegue en el momento equivocado.
Periodos prolongados de sequía seguidos de precipitaciones torrenciales pueden reducir rendimientos, erosionar los suelos y elevar los costos de producción. Oaxaca, Guerrero y Michoacán enfrentan particularmente esta vulnerabilidad en cultivos como maíz y sorgo, mientras que en Michoacán deben considerarse también los efectos sobre cadenas agrícolas de mayor valor, entre ellas la del aguacate.
El impacto puede trasladarse rápidamente del campo al ingreso familiar: una mala cosecha significa menores ingresos para los productores, pero también puede traducirse en mayores precios de alimentos, pérdida de empleos temporales y mayor presión sobre los hogares de menores recursos.
Otro aspecto que requiere seguimiento es la posible transición hacia condiciones más secas y cálidas durante determinadas fases posteriores del fenómeno. En este escenario, el problema sería la combinación de altas temperaturas, déficit de humedad y vegetación seca, condiciones que pueden incrementar la probabilidad y severidad de incendios forestales.
Aquí se encuentra el elemento estructural del problema. La Región Pacífico Sur constituye una de las zonas con mayores rezagos sociales del país. En consecuencia, la exposición al fenómeno climático coincide con una menor capacidad económica para enfrentar sus consecuencias.
La verdadera dimensión del riesgo se encuentra en la intersección entre clima y pobreza. Allí donde los ingresos son menores, la infraestructura es más precaria y la recuperación económica resulta más lenta, un evento meteorológico extremo deja de ser solamente una emergencia ambiental y puede convertirse en un factor adicional de reproducción de la desigualdad.
Por eso, la estrategia frente a El Niño debe tener una lógica preventiva y territorial: proteger a quienes tienen mayor exposición y menor capacidad de recuperación. En el Pacífico Sur, la protección civil no puede limitarse a responder al desastre; debe convertirse también en una política de reducción de vulnerabilidades económicas y sociales.
¡Ojalá que llueva café! diría la abuela.
REFERENCIAS
World Meteorological Organization (WMO)
Instituto de Geografía, UNAM