Crisis terminal del régimen
CUANDO LA SEQUÍA COSECHA POBREZA
Durante el verano y otoño de 2026, la intensificación de las condiciones de sequía en distintas zonas de México, particularmente en entidades del Pacífico Sur, provocó una perturbación significativa de la actividad agropecuaria. Las afectaciones a los cultivos de temporal, la reducción de los rendimientos agrícolas y las pérdidas de superficie sembrada configuraron un choque negativo de oferta con consecuencias que trascienden al sector primario.
El problema económico central no se limita a la disminución de la producción agrícola ni a las presiones potenciales sobre los precios de los alimentos. Se encuentra en la transmisión de las pérdidas productivas hacia los ingresos de los hogares rurales, la contracción del empleo agrícola y la reducción de la capacidad de consumo de las familias campesinas.
La contingencia climática opera sobre una base productiva caracterizada, en numerosas localidades, por una elevada dependencia de la agricultura de temporal, limitada capitalización de las unidades productivas y acceso desigual a infraestructura hídrica, financiamiento y mecanismos de aseguramiento.
La sequía amenaza con transformar una contingencia agroclimática en un proceso de descapitalización rural, deterioro alimentario y profundización de la pobreza.
La principal preocupación económica es que las pérdidas de un ciclo agrícola se conviertan en una restricción prolongada de los ingresos y de la capacidad productiva de los hogares rurales.
Las afectaciones de 2026 permiten identificar un mecanismo de transmisión económica que opera a través de cuatro dimensiones interrelacionadas:
Primera: descapitalización de las unidades productivas.
La pérdida de cosechas representa la destrucción parcial o total de los recursos invertidos en semillas, fertilizantes, preparación de tierras, trabajo y otros insumos.
Para los pequeños productores, la ausencia de reservas financieras y mecanismos de aseguramiento limita la posibilidad de absorber estas pérdidas sin recurrir al endeudamiento o a la venta de activos.
Segunda: contracción del empleo y del ingreso rural.
La reducción de la producción agrícola disminuye la demanda de trabajo temporal y afecta a los jornaleros que dependen de los ciclos de siembra y cosecha.
El impacto se extiende a actividades comerciales y de servicios vinculadas con la circulación del ingreso agrícola en las comunidades.
Tercera: deterioro de la capacidad adquisitiva.
La reducción de los ingresos monetarios coincide con la necesidad de adquirir alimentos que anteriormente se producían para autoconsumo.
Este proceso genera una doble presión sobre los hogares: disminuyen sus ingresos mientras aumenta su dependencia del mercado para satisfacer necesidades básicas.
Cuarta: reproducción de las condiciones de pobreza.
Cuando los hogares carecen de recursos para financiar un nuevo ciclo agrícola, las pérdidas dejan de ser exclusivamente coyunturales y pueden convertirse en restricciones permanentes de su capacidad productiva.
La contingencia climática adquiere así una dimensión estructural: compromete no solamente la producción del año, sino también las posibilidades económicas de recuperación de las siguientes temporadas.
La sequía de 2026 en el Pacífico Sur constituye un choque sobre estructuras productivas con capacidades desiguales de adaptación y recuperación.
La sequía no crea por sí misma las desigualdades económicas del Pacífico Sur; las expone, las profundiza y puede reproducirlas a través de la pérdida de los medios de subsistencia y de la capacidad productiva.
El desafío consiste en evitar que una contingencia agroclimática de carácter temporal se convierta en un proceso prolongado de descapitalización rural, inseguridad alimentaria y reproducción intergeneracional de la pobreza.
Cuando el cielo calla y la lluvia se esconde, la tormenta se está armando en silencio, diría la abuela.
Fuente
Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural
Universidad Autónoma de Chapingo
Conagua
Monitor de Sequía de América del Norte
INEGI