Las variables variadas
Extorsión y secuestro: la nueva competencia
El más reciente recuento semestral de la incidencia delictiva en México muestra un fenómeno dual: mientras algunos delitos disminuyen, otros se incrementan y reconfiguran el mapa de la violencia.
La tendencia revela que las organizaciones criminales siguen siendo los principales actores de estas transgresiones, expandiendo sus ingresos no solo del homicidio y el narcotráfico, sino también de la extorsión y el secuestro, delitos que se consolidan como ejes de control territorial y financiero.
De acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), siete entidades concentran el 51 por ciento de los homicidios dolosos en los primeros ocho meses de 2025, entre ellas Guerrero y Michoacán, piezas centrales de la región Pacífico Sur.
Sin embargo, el análisis territorial muestra que en este espacio no basta con medir la violencia por el número de asesinatos: el secuestro y la extorsión compiten por ocupar un lugar prioritario en la agenda de seguridad pública.
En Chiapas, los primeros seis meses de 2025 registraron 179 homicidios dolosos, de los cuales 100 fueron cometidos con arma de fuego.
La cifra representa una reducción del 49.8 por ciento respecto al mismo periodo de 2024, cuando se documentaron 357 casos.
También se redujo en 58 puntos el promedio diario de homicidios.
A primera vista, esto podría interpretarse como un avance significativo; sin embargo, el panorama se complejiza al observar otros indicadores: el narcomenudeo se disparó en mil, 298 puntos porcentuales, con 923 investigaciones abiertas frente a solo 66 en 2024, lo que muestra un crecimiento acelerado del control criminal sobre mercados locales.
En el mismo estado, la violencia de género mantiene un sesgo preocupante. El SESNSP reporta 13 feminicidios en el semestre, pero la organización feminista 50+1 Chiapas, documenta 19 casos, lo que refleja una brecha entre cifras oficiales y registros ciudadanos.
Esta discrepancia sugiere un subregistro institucional que distorsiona la verdadera dimensión de la violencia contra las mujeres.
En Guerrero, los datos muestran la paradoja de la violencia. Aunque entre enero y agosto de 2025 se acumularon 979 víctimas de homicidio doloso—una disminución de 8.1 porcentual en el promedio diario respecto al año anterior— el estado sigue en el grupo de los siete más violentos del país.
Lo que preocupa es que la extorsión se posiciona como un delito en expansión: las detenciones de presuntos responsables aumentaron un 71 por ciento, reflejo tanto de un mayor esfuerzo institucional como del auge del delito como fuente de ingresos de los grupos criminales que operan en la entidad.
En Michoacán, se observa una tendencia similar. Los homicidios dolosos y feminicidios disminuyeron 15 por ciento entre enero y agosto de 2025 respecto al mismo periodo de 2024, con ciudades como Apatzingán y Zamora reportando reducciones, aunque Morelia mostró un repunte en agosto.
Pero el verdadero foco de alerta es el secuestro, que registra un aumento del 57.9 por ciento: 30 casos denunciados en lo que va de 2025, continuando una escalada que se arrastra desde 2023 tras la reforma al Código Penal.
El dato revela que, pese a los esfuerzos por contener homicidios, los grupos delictivos diversifican su violencia hacia delitos que garantizan rentas inmediatas y presión social.
En contraste, Oaxaca presenta un panorama relativamente más alentador. Entre enero y agosto de 2025, los homicidios dolosos disminuyeron 10.3 por ciento, mientras que el robo de vehículos cayó 6.7 por ciento.
No se reportan incrementos relevantes en otros delitos, y los indicadores sugieren un control más efectivo de la criminalidad urbana, con reducciones en robo a casa habitación y asaltos callejeros.
No obstante, el riesgo latente es que los grupos delictivos que operan en estados vecinos busquen trasladar sus operaciones hacia territorios con menor presión institucional.
En conjunto, los datos revelan una constante: la violencia en la Región Pacífico Sur no desaparece, solo se transforma.
La disminución de homicidios en Chiapas, Michoacán y Guerrero no puede interpretarse como un triunfo absoluto, pues se observa una compensación delictiva en otros rubros: el auge del narcomenudeo en Chiapas, la extorsión en Guerrero y el secuestro en Michoacán.
Más allá de la estadística, estas dinámicas reflejan el poder adaptativo del crimen organizado, capaz de ajustar su modelo de negocios frente a los embates estatales.
El homicidio, aunque aún es un indicador central, deja de ser el único termómetro de la violencia: hoy extorsión y secuestro rivalizan en importancia, afectando no solo la percepción de inseguridad, sino también la estabilidad económica y social de las comunidades.
Hay causas por las que vale la pena morir, pero ninguna por la que valga la pena matar. Diría la abuela.
Fuentes
Secretariado ejecutivo del sistema nacional de seguridad pública
Fiscalía general de Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca.
INEGI