Hoja verde
Cifras en alza, destinos en crisis
Aunque las cifras de ocupación hotelera muestran ligeras señales de recuperación en los principales destinos turísticos de la región Pacífico Sur, tales como Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca; el repunte no logra traducirse en desarrollo sostenible.
La inseguridad, la crisis económica y la ausencia de una estrategia sólida de inversión y promoción continúan limitando la capacidad de estos estados para consolidar su potencial turístico.
Tras el colapso del sector provocado por la pandemia de Covid 19, las autoridades apostaron por reactivar la economía local mediante proyectos de turismo alternativo y ecoturismo.
Sin embargo, la realidad en el terreno revela un panorama mucho más complejo: el miedo, la violencia y la precariedad institucional siguen marcando el pulso del turismo regional.
Desde 2021, Chiapas vive una disputa territorial entre grupos del crimen organizado que ha transformado comunidades enteras en zonas de riesgo.
En regiones como la Selva Lacandona y la Sierra Madre, el turismo ecológico —uno de los principales motores económicos— se ha visto paralizado por los enfrentamientos y las amenazas a pobladores y visitantes.
A pesar de los esfuerzos de la Secretaría de Turismo estatal por rehabilitar rutas y promover nuevos destinos en la zona Istmo–Costa, las condiciones de inseguridad persisten.
La creación de la Fuerza de Reacción Inmediata Pakal en 2024, destinada a combatir la violencia, ha generado más controversias que resultados: acusaciones de abuso, violaciones a derechos humanos e incluso incidentes internacionales, como la incursión armada del 8 de junio en territorio guatemalteco que derivó en la muerte del presunto líder criminal Baldemar Calderón Carrillo, alias El Tío Balde.
Este episodio no sólo evidenció la fragilidad del control territorial, sino que provocó un conflicto diplomático que afectó aún más la imagen del estado como destino seguro.
Guerrero, históricamente emblema del turismo internacional con enclaves como Acapulco, Ixtapa-Zihuatanejo y Taxco, enfrenta una situación crítica.
El gobierno de Estados Unidos emitió en agosto su alerta de viaje en nivel dos para México, pero prohíbe expresamente a sus empleados visitar cualquier zona de Guerrero, incluidas sus principales ciudades turísticas.
La advertencia es clara: las condiciones de seguridad no garantizan la integridad de los visitantes.
Aun cuando Acapulco intenta recuperarse tras el impacto del huracán Otis y la puesta en marcha de programas de reconstrucción, la falta de orden urbano, la presencia de grupos delictivos y la escasa inversión privada han impedido su reactivación plena.
El turismo internacional, que alguna vez fue su columna vertebral, hoy representa apenas una fracción del flujo total de visitantes.
El caso de Michoacán no es distinto.
Catalogado como uno de los seis estados más peligrosos del país por su “violencia generalizada”, el estado enfrenta un estigma que desalienta el turismo extranjero.
Pese a los esfuerzos de promoción cultural —como la tradicional Noche de Muertos en Pátzcuaro—, la percepción de inseguridad limita la expansión del sector y reduce el gasto promedio por visitante.
En Oaxaca, los datos confirman lo que muchos ya perciben: la violencia no es una cuestión de narrativa, sino de estadística.
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), los robos con violencia aumentaron un 23 por ciento en el primer semestre de 2025 respecto al año anterior.
Solo en el municipio de Oaxaca de Juárez se han reportado más de 850 denuncias por robo a transeúnte, situando al estado entre los cinco primeros lugares nacionales en delitos cometidos contra turistas.
La combinación de violencia, falta de inversión y ausencia de estrategias integrales de promoción no solo afecta la percepción externa del Pacífico Sur, sino que mina las economías locales dependientes del turismo.
El problema no se reduce a la baja llegada de visitantes, sino a la pérdida de confianza, la precarización del empleo y la migración de capitales hacia destinos más seguros.
Mientras las cifras de ocupación ofrecen un espejismo de recuperación, la región continúa atrapada entre la inseguridad y el abandono institucional.
El desafío, más que atraer turistas, consiste en reconstruir las condiciones básicas para que el turismo sea una verdadera palanca de desarrollo y no una actividad de alto riesgo.
Nuca es la apariencia, es la esencia, diría la abuela.