Hoja verde
El sur no es uno solo: Oaxaca evidencia la fragilidad del crecimiento regional
Durante el tercer trimestre de 2025, la economía mexicana enfrentó un entorno adverso: el PIB nacional se contrajo 0.3 por ciento trimestral y el crecimiento anual del año se ubicó en apenas 0.7 por ciento, el peor desempeño desde la crisis provocada por la pandemia en 2020.
Este resultado reflejó tanto factores externos —en particular, el recrudecimiento de tensiones comerciales con Estados Unidos tras el regreso de Donald Trump a la presidencia— como debilidades internas persistentes en la estructura productiva del país.
En este contexto, el comportamiento de las entidades federativas fue marcadamente desigual.
Mientras 15 estados registraron retrocesos trimestrales, 16 lograron avances y uno permaneció sin cambios.
Esta dispersión confirma que el ciclo económico nacional se transmite de manera diferenciada a nivel subnacional, dependiendo de la estructura productiva, el peso de la inversión pública y la capacidad de cada entidad para amortiguar choques externos.
La región Pacífico Sur mostró en conjunto un crecimiento anual, pero con un desempeño claramente heterogéneo.
Oaxaca destacó negativamente al ser la única entidad de la región que registró una contracción de su actividad económica, con una caída anual de 5.4 por ciento, la más pronunciada del bloque y superior incluso a la observada en estados como Tabasco (-4.7) y Durango (-3.8).
Este resultado evidencia que el sur del país no constituye un bloque económico homogéneo. A pesar de compartir rezagos históricos y una elevada dependencia de recursos federales, los estados del Pacífico Sur reaccionaron de forma distinta ante el entorno macroeconómico adverso.
Chiapas registró un crecimiento anual de 2.6 por ciento, sustentado en avances equilibrados en los tres sectores productivos: primario (5.1), terciario (2.7) y secundario (1.2).
Este desempeño sugiere una base productiva más diversificada y una mayor resiliencia frente a la desaceleración nacional.
Guerrero mostró una expansión anual de 3.4 por ciento, impulsada principalmente por el sector terciario, que creció 4.8 por ciento.
El dinamismo de los servicios y el turismo fue clave, reforzado además por una inversión federal directa cercana a 3 mil millones de pesos destinada a la reconstrucción y mejora de infraestructura y servicios en Acapulco.
No obstante, la caída de 6.4 por ciento en las actividades primarias revela vulnerabilidades persistentes en el sector rural.
Michoacán creció 1.6 por ciento a tasa anual, explicado casi exclusivamente por el fuerte repunte de las actividades secundarias (13.5).
En contraste, las primarias y terciarias retrocedieron 2.7 y 0.1 por ciento, respectivamente, lo que sugiere un crecimiento concentrado y potencialmente poco sostenible si no se traduce en encadenamientos productivos más amplios.
Oaxaca, en contraste, presentó un retroceso significativo que apunta a factores internos específicos.
Su alta dependencia de sectores volátiles y de la inversión pública federal lo vuelve particularmente vulnerable a la desaceleración o conclusión de grandes proyectos de infraestructura.
La contracción observada sugiere un estancamiento estructural más que un efecto puramente coyuntural, evidenciando limitaciones en la capacidad del estado para generar motores de crecimiento propios.
Que Oaxaca haya registrado una contracción mientras Chiapas, Guerrero y Michoacán crecieron confirma un patrón de desarrollo desigual dentro del Pacífico Sur. La proximidad geográfica no garantiza trayectorias económicas similares: la estructura productiva local, la continuidad de la inversión pública y la capacidad institucional para atraer y retener actividad económica resultan determinantes.
En particular, el caso de Oaxaca subraya la elevada dependencia del sur del país respecto a los recursos federales.
Cuando la inversión pública se desacelera o se reorienta hacia otras entidades, los efectos sobre la economía local son inmediatos y profundos.
Esto refuerza la necesidad de políticas de desarrollo regional que vayan más allá de grandes obras de infraestructura y promuevan una diversificación productiva sostenida, capaz de reducir la vulnerabilidad ante choques externos y decisiones presupuestales de corto plazo.
El sol nos alumbra, pero nunca igual a todos, diría la abuela.
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Referencias
INEGI Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) y Producto Interno Bruto por Entidad (PIBE).