Las variables variadas
Madres del Pacífico sur, el rostro femenino de la pobreza
En 2026, la situación económica de las mujeres madres en la región Pacífico Sur, refleja una paradoja estructural: aunque son fundamentales para la sostenibilidad económica y social de los hogares, continúan atrapadas en condiciones de precariedad laboral y vulnerabilidad social, incluso con la expansión de programas asistenciales gubernamentales.
Las madres trabajadoras representan una fuerza económica indispensable para el país. No sólo participan en actividades productivas remuneradas, sino que además sostienen la economía del cuidado mediante trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, el cual equivale aproximadamente al 26 por ciento del Producto Interno Bruto nacional, es decir, cerca de 8 billones de pesos anuales.
Este trabajo invisible subsidia al sistema económico al sustituir servicios que de otra manera implicarían altos costos para las familias y para el propio Estado. Sin embargo, pese a su contribución a la generación de riqueza, las mujeres madres siguen enfrentando bajos salarios, jornadas extensas, informalidad y limitaciones para acceder a seguridad social, crédito y patrimonio.
El contexto inflacionario de 2026, con un incremento estimado del 5 por ciento y el encarecimiento sostenido de la canasta básica alimentaria, ha deteriorado aún más el poder adquisitivo de los hogares encabezados por mujeres.
En la región Pacífico Sur, donde persisten altos niveles de pobreza y desigualdad histórica, esta presión económica profundiza la dependencia hacia programas sociales que, aunque alivian parcialmente el consumo inmediato, no han logrado modificar las causas estructurales de la precarización femenina.
En Chiapas, la situación es particularmente crítica. La entidad mantiene la menor participación económica femenina del país, con apenas 32.5 por ciento, mientras que 71.5 por ciento de las mujeres madres ocupadas laboran en la informalidad.
Además, indicadores como la subocupación (5.7 por ciento) y la desocupación femenina (3.2 por ciento) reflejan un mercado laboral incapaz de absorber en condiciones dignas a las mujeres trabajadoras. En términos económicos, la baja incorporación formal de las madres chiapanecas limita su movilidad social y perpetúa ciclos intergeneracionales de pobreza.
En Guerrero, aunque la pobreza laboral registró una reducción de 5.9 puntos porcentuales durante 2025, ubicándose en 51.3 por ciento, el nivel continúa siendo alarmantemente alto. La mayoría de las mujeres ocupadas percibe ingresos equivalentes o inferiores a un salario mínimo, situación que evidencia una estructura productiva de baja remuneración y escasa protección laboral.
Frente a ello, el gobierno estatal y federal han impulsado programas como Tarjeta Violeta, Pensión Mujeres Bienestar y Apoyo a Madres Trabajadoras. Sin embargo, desde una perspectiva económica, estos mecanismos funcionan más como políticas compensatorias de transferencia de ingresos que como estrategias efectivas de inclusión productiva. Los apoyos ayudan a amortiguar el deterioro del ingreso familiar, pero no corrigen problemas de fondo como la informalidad, la falta de empleos formales y la desigual distribución del trabajo de cuidados.
En Michoacán, cerca de 400 mil madres autónomas sostienen económicamente a sus familias, consolidándose como el principal soporte financiero de miles de hogares. No obstante, la entidad presenta una de las tasas de informalidad más altas del país, superior al 68 por ciento, afectando especialmente a las mujeres.
Aunque programas como Fuerza Mujer y Palabra de Mujer buscan fomentar el emprendimiento y el acceso al crédito, la mayoría de los proyectos financiados se concentra en micronegocios de subsistencia con baja capacidad de crecimiento y limitada inserción en cadenas productivas formales.
En Oaxaca, donde tres de cada diez hogares son encabezados por mujeres, la carga económica y de cuidados recae de manera desproporcionada sobre las madres. Programas como Tarjeta Margarita Maza y Tandas Mujer Primavera intentan fortalecer la autonomía económica femenina; sin embargo, los resultados muestran limitaciones estructurales importantes, ya que sólo el 5 por ciento de las mujeres emprendedoras opera dentro de la formalidad.
Desde una perspectiva económica regional, los programas sociales implementados en el Pacífico Sur han contribuido a contener escenarios de mayor pobreza extrema y a incrementar temporalmente el ingreso disponible de los hogares. No obstante, su alcance sigue siendo insuficiente para transformar las condiciones estructurales que reproducen la desigualdad de género.
La persistencia de salarios bajos, informalidad, falta de infraestructura de cuidados y barreras de acceso al mercado formal provoca que las madres continúen desempeñando un papel económico central bajo condiciones de alta vulnerabilidad.
Trabajar fuera de casa y hacerlo dentro ella, no es heroísmo. Es asumir responsabilidades, diría la abuela.
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REFERENCIAS
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), cuarto trimestre de 2025.