Nos quedaremos sin ellas

El feminicidio no es un  fenómeno reciente aunque estamos frente a una situación preocupante. Si se revisa la historia de la humanidad, las violaciones y asesinatos en contra de las mujeres han existido siempre.

Lo reciente es que se ha definido al feminicidio u homicidio de una mujer, doloso, con premeditación, alevosía, ventaja e, incluso, traición, que se lleva a cabo con extrema crueldad.

Ese concepto deriva del inglés femicide, que la feminista Diana Russell propuso para hacer referencia a una situación histórica, crónica y sistemática de violencia de género en contra de las mujeres, que además tiene una connotación de tolerancia social, de impunidad y generalidad. No ocurre en una, sino en todas las sociedades patriarcales, es decir, en todo el mundo.

El concepto penal es muy complejo, porque abarca una serie de elementos que nuestros juzgadores no están acostumbrados a valorar.

Ese tipo penal señala que se trata del asesinato por “razón de género”, lo que significa que las matan sólo por ser mujer, sin ningún otro motivo. No hay otro móvil para cometer el delito: no es por venganza, robo o crimen pasional. Es una cuestión relacionada con las raíces profundas de la misoginia, del odio o del temor hacia las mujeres. Un hombre simplemente se siente con derecho a agredirla hasta el asesinato.

Como tipo penal es difícil de definir y, sobre todo, de analizar y probar frente a un caso concreto.

La visión con perspectiva de género, como se dice ahora, la necesidad del nuevo concepto, pero desde el ángulo jurista las dificultades que hay en el ministerio público y en tribunales para investigar y luego sancionar el delito no son sencillas.

Un aspecto clave es que el sujeto activo responsable de un feminicidio sólo puede ser un hombre, y la víctima, una mujer. Pero Si una mujer matara a otra, estamos frente a un homicidio que puede ser calificado, pero no frente a un feminicidio, porque falta la razón patriarcal que aglutina al concepto.

Con los casos recientes incursionamos en una fuerte problemática. El feminicidio se ha politizado. Las dimensiones mediáticas de los casos no solo surgen de las deficiencias en materia de seguridad publica sino del uso de estos hechos homicidas con propósitos electoreros. La reiteración de la frase “El feminicidio, el Ayotzinapa de este sexenio” operó más como consigna de propaganda que como una conclusión razanada.

La presencia de grupos extremista ocultando su identidad convirtieron a las movilizaciones de protesta en desahogos a través de la furia y el vandalismo pero carentes de una propuesta.

Se ha venido construyendo una división adicional, ahora el género confronta. Las feministas radicales rechazan al hombre, a los hombres y de esa manera se repite la cultura que ha contribuido a fraguar el feminicidio y de esa manera se está perpetuando la agresión, la marginación y desigualdad.

Es inobjetable que el contexto es grave, bastante grave. En estas circunstancias es innegable que la existencia de imposibilidades para canalizar la rabia y el dolor por la vía de las palabras.

Existe otro tipo de violencia a la que siempre debe recurrirse. No la que extermina al enemigo y solo destruye. Se trata de la cual con acción rompen estructuras anquilosadas, vierten nuevas formas de pensamiento rompiendo esquemas acartonados.

Se trata de una violencia diferente a la destructiva, es la que mediante alianzas de solidaridad construye y despliega Es un nuevo imaginario en cual se refleja la interdependencia de nuestras vidas.

Desde luego es un razonamiento complejo, en el cual hay un cruce de lo político y lo ético.

A diferencia de lo que pudiera pensarse, es muy diferente a adoptar una actitud pasiva o en la cual solamente se exterioriza la ira, la rabia, el desprecio y el resentimiento. Esta conducta resulta irreal ante las nuevas formas existentes de poder.

La igualdad debe formar parte de la base para la erradicación del feminicidio. Pero es necesario asumir la interdependencia mediante una crítica al individualismo y los esquemas tradicionales de cultura en cuanto a las relaciones.

Es fundamental tener como objetivo el carácter sistemático de la violencia y la impunidad de los asesinatos de mujeres los cuales llegan a constituir un terrorismo sexista, el cual no es solo de México. Se inscribe en un fenómeno de violencia geopolítica.

Se requiere entonces de una reinterpretación profunda del feminismo y de la estrategia para erradicar el feminicidio.

Justicia no es lo que conviene al más fuerte, sino a todos, diría la abuela.