…Y va otra vez

La violencia, históricamente, ha sido una herramienta fundamental para crear grandes cambios en la sociedad. Derechos como la democracia, la soberanía nacional, la igualdad ante la ley, etcétera, han sido conquistados a través de las armas y del uso de la fuerza.

Afirmar, fuera de este contexto que la violencia nunca lleva a nada, es inconsistente, pues la historia demuestra todo lo contrario: son muchas las revoluciones en todo el planeta han dado forma al mundo en el que vivimos hoy.

Sin embargo, en base a lo que recién se escribió, es conveniente precisar que no cualquier demanda social puede justificar el uso del disturbio público pues deben cumplirse, al menos, dos condiciones para que sea legítimo el uso de estos medios: La propuesta de objetivos claros y El agotamiento de las medidas pacíficas.

Por principio, las protestas deben ser propositivas, no destructivas, por lo tanto toda protesta social debe contestar dos preguntas ¿Cuál es el problema por el que luchamos (su origen y naturaleza)? ¿Y cuál es la alternativa o propuesta para solucionar dicho problema?

La historia nos enseña ejemplos de movimientos sociales nobles desvirtuados por falta de un objetivo claro; tal es el caso de la revolución francesa, movimiento legítimo, que derivó en un año de anarquismo y en asesinatos masivos y arbitrarios, conocida en la historia francesa como la Época del Terror. Caso similar al levantamiento insurrecto de Miguel Hidalgo, que falto de una estrategia y una visión alternativa de gobierno, sucumbió al año de haber nacido.

Luego entonces, la primera condición para el uso del disturbio público en las calles, es un movimiento social propositivo, que ofrezca alternativas concretas a problemas concretos: crear o modificar una ley existente, redireccionar presupuestos, crear campañas masivas de concientización, modificar planes de estudios escolares, etc.

El otro elemento es el agotamiento de las medidas pacíficas. El pacifismo y la civilidad, debe ser la bandera que guíe a todo movimiento social. Es evidente que en ocasiones esto resulta totalmente inútil: los gobiernos cínicos ignoran las protestas a pesar de que estas cuenten con miles de personas, y los gobiernos tiránicos mandan al ejército o la policía para silenciar todo aquello que no les gusta. Son bajo estas circunstancias, cuando el cinismo y la tiranía afloran y cuando se han agotado las medidas pacíficas, en ese momento se vuelve legítimo el disturbio.

Cuando es un movimiento social propositivo y las medidas pacificas no llevaron a ningún puerto, es justo y correcto utilizar medidas drásticas, que en casos excepcionales pueden llevar al levantamiento armado: la Revolución. Pero sí y sólo sí se tienen los requisitos mencionados.

Desde hace más de 20 años, las movilizaciones tanto de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación como de los normalistas de Ayotzinapa, derivan en violencia y las argumentaciones son endebles. Ni los problemas sociales ni el paradero de los 43 estudiantes desaparecidos, van a encontrar solución en la destrucción de mobiliario y edificios.

Los padres de familia de los normalistas, reiteran que lo que quieren saber en la práctica, es el destino de los 43 estudiantes. Confirmar si fueron apilados y quemados en el basurero de Cocula, si están en alguna fosa clandestina y si están vivos escondiéndose con una total disciplina para no dejar saber su paradero ni a sus propios familiares.

Pero hay otro grupo que simplemente pone en duda las investigaciones que se han realizado y los avances, tanto recientes como del pasado, son rechazados a priori y para manifestarlo se recurre a las movilizaciones violentas.

En concreto, la Sociedad de Alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa calificó como una “cortina de humo” la identificación de los restos de Christian Rodríguez Telumbre, uno de los 43 alumnos desaparecidos en Iguala, a quien dijeron, el gobierno de la República pretende utilizar para cubrir los errores cometidos durante la pandemia de Covid 19.

Sin ánimo de defensa alguna de AMLO, en lo que va de este periodo de gobierno, se creó por decreto una comisión para el caso y se convocó a reunirse con los padres de los jóvenes de la Normal Isidro Burgos cada mes para recibir un informe y tomar las decisiones necesarias.

Hay carencias, como una estrategia de la citada comisión sobre la manera de encontrar nuevos datos y derrumbar la verdad histórica enderezada en el periodo de Enrique Peña Nieto.

La quema de las instalaciones del Congreso del Estado, no constituyen una alternativa para esclarecer lo ocurrido aquel 26 y 27 de septiembre del 2014 en Iguala y en cambio evidencia la necesidad del planteamiento de una nueva estrategia y de una nueva cultura de liderazgo.

Si la ruta que piensan seguir es la de incrementar movilizaciones violentas lo único que puede lograrse es la inestabilidad política en la entidad y se asegura la impunidad para los responsables la desaparición de los 43.

La violencia sin propósito es un animal que termina atacando a su amo, diría la abuela.