La violencia contra las mujeres es un problema de gran dimensión y una práctica social ampliamente extendida en todo el país. 30.7 millones de mujeres en México han sido sujetas a actos violentos y discriminatorios alguna vez, a lo largo de su vida.

En ese contexto ocurre la violencia contra la mujer en la región Pacífico Sur del país,  la cual es un fenómeno que se incrementa cada día más. Una parte del problema radica en que las autoridades se limitan a considerar como violencia las agresiones físicas. Hay mucho más de fondo.

De entrada es necesario replantear los enfoques. No solo es la agresión física y el riesgo de perder la vida a consecuencia de ello. Las causas de la violencia contra las mujeres son diversas y multifactoriales; que incluyen desde aspectos culturales, que las discriminan y desvalorizan, hasta problemáticas estructurales de marginación, pobreza y exclusión, que agravan su vulnerabilidad ante la violencia en un encadenamiento de efectos y causas que afecta desde sus vidas personales, hasta su viabilidad económica, pasando por todos los ámbitos de su interacción social.

Hablamos, entonces de diferentes formas de violencia. Pero también debemos considerar la composición pluriétnica y multicultural  de la región por lo cual una es la problemática de la mujer en las zonas urbanas, otra el área rural y un diferente por lo que hace a la población indígena. Pues, el que un acto de violencia tenga o no sentido depende de la amplitud de los territorios imaginarios a los que extendamos el análisis de sus efectos.

Por ejemplo, Guerrero enfrenta un contexto de violencia feminicida, en tanto persisten candados que impiden el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad. En la primera alerta por violencia feminicida decretada en 2017, establecieron 23 medidas para aplicarse en ocho municipios: Acapulco, Ayutla, Chilpancingo, Coyuca de Catalán, Iguala, Zihuatanejo, Ometepec y Tlapa de Comonfort. Sin embargo, solamente se ha cumplido el 32 por ciento.

Respecto a la alerta de violencia de género por agravio comparado decretada este año, explicó que se debe al impedimento legal para que las víctimas de violación accedan a un aborto legal y gratuito, a pesar de que está contemplado dentro del Código Penal del estado.

Esto se debe a «un candado» en la legislación, que exige la comprobación de los hechos por parte del Ministerio Público para autorizar la práctica del aborto.

Hay cifras muy claras de la violencia que se ejerce contra las mujeres. En 2018, Guerrero se ubicó entre las tres entidades federativas con mayor índice de embarazo adolescente, con 23.1 nacimientos por cada cien mil mujeres entre 10 y 17 años de edad.

De 2012 a 2017 la Secretaría de Salud registró ocho muertes por aborto en Guerrero, las cuales pudieron prevenirse si las mujeres hubiesen tenido acceso a abortos seguros y legales. Entre 2016 y 2019 se abrieron 13 carpetas de investigación por aborto.

Pero es una parte del problema. Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer  se dieron a conocer los siguientes datos:

– De enero a septiembre se registraron 704 feminicidios (asesinatos por razón de género).

– La tasa de feminicidios es de 1,08 por cada 100 mil mujeres.

– 2 mil 150 mujeres fueron víctima de homicidio doloso en los primeros nueve meses del año.

– 43 mil 108 mujeres sufrieron lesiones de forma dolosa hasta septiembre.

– 167 mujeres fueron secuestradas en ese periodo.

– De enero a septiembre, 347 mujeres fueron víctimas de trata en México.

– 163 mil 868 mujeres sufrieron violencia familiar en los primeros nueve meses de 2020.

– Se registraron 12 mil 241 presuntas violaciones en ese tramo de año.

Pero existen otras formas de violencia y algunas de ellas son la marginación, la desigualdad y la laboral.

Las mujeres que residen en las entidades de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Michoacán, presentan la mayor proporción que no han participado ni en la escuela ni en el mercado laboral a lo largo de su vida. Destaca Chiapas, en donde solo el 36.2 por ciento de las mujeres participó en alguno o en ambos espacios de manera reciente, en tanto que, en Guerrero, Oaxaca, la proporción de mujeres que asistieron a la escuela o trabajaron en los últimos 12 meses está por debajo del 45.0 por ciento mientras que en Michoacán está ligeramente arriba del 47 por ciento.

Otro es el caso de la agresión a niñas y adolescentes. Las cuatro entidades que puntean en caso de agresiones a mujeres menores de edad, son Chiapas con 13.8 por ciento; le sigue Michoacán con 13.3; Guerrero con 13.0 y en cuarto sitio Oaxaca, con 12.2 por ciento.

La violencia contra la mujer no es un juego. Ha estado presente desde hace miles de años y aunque se han dado pasos importantes en la igualdad de género, aún falta un gran camino que recorrer.

El 2020 ha sido un año preocupante en cuanto a vulnerabilidad de niñas. El año, inició con la violación y decapitación de una menor de edad en el ejido Faja de Oro, en Cacahoatán, después esta estela de violencia se hizo extensiva a otras regiones de la entidad y el país.

Nadie puede pensar y golpear a alguien al mismo tiempo diría la abuela.

Fuente:

Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH).

Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).