La pugna feroz del 6 de junio

Las elecciones del próximo 6 de junio son una pugna feroz entre dos supuestos proyectos de país, pero en realidad enmascaran un juego de sillas rotatorias donde la misma clase política corrupta se aferra a mantener cargos e influencia pública.

La coalición Va por México, formada por los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), pide votar en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador porque de lo contrario el país se hundirá en un irremediable barranco.

El partido oficialista, Morena, responde en voz del líder senatorial Ricardo Monreal que este proceso significa el desafío más importante en la historia electoral del país.

Cada bando explica el guion de esta contienda electoral como si fuera una lucha de titanes, al estilo de Marvel Comics, afirmando que solo uno de los bandos rivales saldrá vencedor y el adversario terminará erradicado.

Tal narrativa le permite hacer de la vida del país un escenario de la coreografía inventada por él, pero que no se corresponde con la realidad.

Sin embargo, detrás de ese discurso cargado de fuegos de artificio, la realidad de la contienda ofrece una oferta de candidatas y candidatos que han saltado de un partido a otro, no porque posean una vocación política sincera, sino porque no quieren perder el fuero ni la protección que viene con los cargos.

No hay diferencia entre los partidos. Todos postularon impresentables. No fue relevante que quienes aspiran tuvieran antecedentes penales, hubiesen sido socios de políticos corruptos, hayan depredado el erario, estuvieran acusados de delitos sexuales, contaran en su haber relaciones inconfesables con el crimen organizado, carezcan de mérito para el puesto o sean unos cínicos desvergonzados.

Los grandes problemas del país no se resolverán por un gobierno sectario o de muchedumbres, sino por el compromiso democrático del conjunto de sus organizaciones políticas y sociales. De otra manera se estará legitimando la aparición de figuras carismáticas con propuestas cada vez más radicales y al margen del objetivo común de fortalecer las instituciones de la República federal, democrática y representativa, libre y laica.

Lo peor que podría pasar es que por errores propios, o por circunstancias desfavorables, la 4 T terminara en una nueva frustración de la sociedad y en condiciones de polarización, presa además de la violencia y la inseguridad.

La oposición política ha aceptado la polarización política buscada por el Presidente para su narrativa, cuando por lo menos, las fuerzas democráticas de dentro y fuera de los partidos, deberían hacerse cargo de lo que no hacen, ni el Presidente ni su 4 T, es decir, la tarea de concertar los esfuerzos del conjunto de la sociedad para el logro de los objetivos antes mencionados.

Estos comicios, vuelven obvio que una cosa es el discurso político —la gran gesta democrática que cada facción defiende y profetiza— y otra cosa muy distinta es la realidad.

En los hechos, el objetivo de la oposición no parece ser ganar posiciones legislativas, sino desalentar votantes, obligar a un desgaste a Morena y a sus aliados y disminuir la mayoría absoluta de Morena. Nada más.

Para evitar el deterioro creciente de la vida política y social, como para prever un escenario de frustración, se hace necesario construir las capacidades políticas, sociales y técnicas que se requieren para la solución de los graves problemas del país.

Es un engaño que esta elección sea diferente, definitiva o trascendental. Es igual a muchas otras que México ha experimentado donde la clase política ofrece un bochornoso espectáculo con el solo propósito de permanecer bajo los reflectores del escenario. No hay quien se crea lo del gran desafío, tampoco lo de la ingenua lucha entre titanes.

las elecciones de 2021 serán irrelevantes; masivas, sin efectos reorganizadores. Cambiarán funcionarios y se reacomodarán partidos políticos, pero con sus viejas prácticas políticas de la larga era priísta. Los sectores sociales disidentes fueron de nueva cuenta engañados por las estructuras de poder: estarán los mismos protagonistas de siempre.

La sociedad disidente no pudo entrar en las estructuras electorales institucionales y habrá nuevos funcionarios de elección popular que seguirán siendo los mismos para continuar funcionando igual que siempre.

No por tentarle la huevara a la gallina se podrá comer huevo, diría la abuela.