La otra realidad

Una vez que ha finalizado la jornada electoral del domingo 6 de junio y el Programa de Resultados Preliminares (PREP) del Instituto Nacional Electoral (INE) ha mostrado los principales resultados para renovar gubernaturas, Congresos locales y el federal, así como las alcaldías en la Ciudad de México, las conclusiones son varias y contrastantes.

 Es un hecho, no existió la debacle que se pronosticó para Morena pero tampoco el triunfo arrollador que preveían sus dirigentes.

En lo que se refiere al partido en el poder, los resultados de la elección intermedia deben servir como enseñanza.

La primera de ellas es que los partidos que conformaron la alianza deben tener claro que unirse entre ellos y por ese simple hecho se sumarán los votos de todos los simpatizantes no es algo que ocurra de manera automática, ya que las agendas sociales y económicas deben ser homogéneas y consensuadas entre todos los participantes, pues de lo contrario, el electorado percibe a esa alianza como un mecanismo de supervivencia ante el más fuerte y no como un agente de cambio que puede funcionar como real oposición.

Un segundo elemento está relacionado con la utilidad de la alianza PAN-PRI-PRD, la cual fue más redituable en las alcaldías de Ciudad de México y el Congreso Federal, ya que, en los otros estados del país, no logró ganar ninguna gubernatura ni conseguir mayorías en los Congresos locales.

Un tercer elemento que conviene destacar de la alianza, es cómo tomarán decisiones de manera conjunta en los próximos meses, ya que si se analiza la votación por separado, PRI y PRD han obtenido pocos votos con respecto a lo logrado por el PAN, lo cual los pone en una posición de desventaja en los siguientes tres años al momento de negociar cualquier acción a seguir.

Finalmente, tanto en el PRI como en el PRD es necesaria una visión introspectiva profunda y real pues, el hecho de que el electorado de menos de cincuenta años les percibe, como marca política relacionada con actos de corrupción en todos los niveles de gobierno, les minimiza el valor.

Por su parte, el PAN no ha sufrido un desgaste tan fuerte como el PRI y PRD entre los electores menores a los cincuenta años, por lo que de no mejorar la percepción del público hacia priístas y perredistas, el grupo panista podría considerar no seguir en alianza con PRI y PRD.

Existe un factor específico que debe analizar la alianza en conjunto y Morena , está relacionado  sobre los resultados favorables a la oposición  en la Ciudad de México, además de la muy sui generis geografía política que definen, ya que estos pueden estar explicados a través de un voto de castigo contra Morena o como mecanismo por parte de la población para evitar la desaparición de órganos autónomos como el Instituto Nacional Electoral (INE), el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) o el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL), por tan sólo citar algunos casos, además de otras razones.

La alianza no puede perder de vista que, si Ciudad de México emitió un voto de castigo a Morena este año, podría hacer lo mismo con ellos en caso de no resolver problemas mínimos como seguridad, ocupación y acceso a servicios básicos, por lo que en tres años se podrían encontrar otra vez fuera de las alcaldías y del Congreso Federal con mucha facilidad.

En Morena, fuerza política en el poder, también se requiere introspección de gran calado, los resultados de la elección intermedia deben servir como enseñanza de cómo y cuándo un partido político debe gastar su capital político una vez que se hace con el poder.

En el año 2000, Vicente Fox y el PAN no utilizaron el capital político que ganaron para intentar reformar la Constitución y desmantelar al Estado priísta, lo cual hubiera significado transitar a un nuevo modelo político diferente al del siglo XX.

En 2003 ya existía un desgaste del gobierno federal y eso ocasionó que el PAN no logrará conseguir una mayoría que le permitiría reformar al marco institucional del país, por lo que México perdió una oportunidad con su primera transición en la Presidencia.

En 2018, Morena, repitió la acción del PAN en el 2000, no utilizó su capital político para reformar la Constitución y poder sentar de manera real las bases de lo que ese grupo político llama cuarta transformación.

Tres años después, los resultados obtenidos en el Congreso federal hacen muy difícil que exista un cambio radical en la Constitución que logre por fin desmantelar al Estado priísta, además de poner en marcha una reforma fiscal que permita una mejor redistribución del ingreso, resolviendo así los problemas de desigualdad del país.

Entre la alianza PAN-PRI-PRD y Morena, el éxito dependerá de lo que ocurra en el Congreso federal y las gubernaturas que están por finalizar su actual administración, ya que, eso será lo más visible que tendrán los electores para calificar dentro de tres años y confirmar o no el escenario actual.

La oportunidad es un tren que rara vez corre en círculo, diría la abuela.