El precio del voto

El voto es una mercancía más dentro de la sociedad de consumo. Es una práctica sistemática del sistema político mexicano y está generalizada. Todos los partidos y candidatos recurren a esta práctica.

Más que instrumento de la voluntad ciudadana, es una expresión dramática e irónica de la pobreza. La venta del voto garantiza la reproducción de la pobreza que a su vez es garante del voto vendible.

Las cifras oficiales, 53.4 millones de mexicanos viven en la pobreza; es decir, 43.6 por ciento de la población. Además, unos 9.4 millones de personas (7.6 por ciento del total) sufren pobreza extrema.

Guerrero tiene una población promedio de 3.6 millones de habitantes, pero una tercera parte de ellos vive en pobreza extrema.

La entidad se encuentra dentro de los tres estados más pobres de México, junto con Oaxaca y Chiapas; y tanto la pobreza como la pobreza extrema se encuentran en la rural, pero también es urbana y se ubica en los cinturones de miseria en las grandes ciudades como Acapulco.

Durante 2016, la población en situación de pobreza en México se redujo 3.5 por ciento con respecto a 2014, al pasar de 55 millones 341 mil personas a 53 millones 418 mil, de acuerdo con el estudio del Coneval.

Pero en 2017 se registró un  encarecimiento de los energéticos, la depreciación del peso ante el dólar y el crecimiento del empleo informal por arriba del formal. Los tres factores se traducen en empobrecimiento. Otro factor que también incide es la precarización del empleo, lo cual también es fuente de pobreza.

La estrategia de combate a la pobreza se reduce a simples transferencia de dinero, créditos al consumo, no a propiciar la producción. Con ello la movilidad social se reduce a pasar de la pobreza extrema a la pobreza o cualquiera de los segmentos intermedios creados, pero en ningún momento se superar la pobreza. Muy al contrario.

Y la clave está en la política social y sus respectivos programas,  los cuales no están diseñados para superar la pobreza, sino para alentar el clientelismo y para influir de manera indebida en las elecciones.

Tanto a nivel federal como estatal, lo que es especialmente perceptible en regiones con pobreza extrema, estos programas carecen de reglas de operación y de un padrón de beneficiarios público y verificable.

La compra del voto, se inicia con un reparto de programas sociales que no buscan otorgar derechos a los ciudadanos, sino formar clientelas.

Existe un patrón político cultural que se convierte en caldo de cultivo para desarrollar ese clientelismo.

1.- El pensamiento de que hay que sacarles lo que se pueda, porque después se olvidan de uno.

2.- La indiferencia sobre a quién votar porque son todos iguales y unos tales por cuales.

La maquinaria de la compra del voto se forma entonces con la concatenación de los siguientes factores: en el menos peor de los casos, el capital para la compra del voto proviene de la acumulación de la mayor parte del presupuesto público para poder repartirlo discrecionalmente y ganar votos aprovechándose de estas necesidades. En el peor, existe opacidad del origen del dinero. Puede tratarse de la inyección de recursos del sector empresarial usurero y presupone que, una vez logrado el triunfo, la rentabilidad de ese dinero prestado, provendrá de los recursos públicos (concesiones, contratos, desviaciones, más otros). El margen de rentabilidad puede ser voraz alcanzando proporciones hasta 20 veces por cada millón invertido.

Eso explica que la entrega de bienes, principalmente despensas (33 por ciento), más la entrega de dinero en efectivo (26), más la entrega de tarjeta electrónica con promesa de pago diferido (5) suman el 64 por ciento del monto derramado en la compra del voto.

Dicha estimación se establece a partir de las denuncias presentadas de manera formal, por lo que la cifra negra nos puede dar otras proporciones.

Se forma entonces, un círculo dramático en el cual, la compra del voto, garantiza el empobrecimiento de la población y el saqueo de los recursos públicos.

Quien vende el voto, está comprando su empobrecimiento. Recibe moronas y hambre mientras otros se llevan el pan.

La compra de votos lo que hace es perpetuar la pobreza en un contexto en que no hay muchas certezas.

Hay quienes prefieren pan de hoy y hambre de mañana, diría la abuela.