La inseguridad con rostro de mujer

La percepción de la inseguridad se mantiene en niveles elevados.  El recrudecimiento de la violencia en esta ciudad durante los últimos días lo acentúa con la variante de que los dos asesinatos de mujeres ocurridos en fecha recientes, le da otra orientación. Las mujeres resultan altamente vulnerables en este contexto de inseguridad.

El 80.5 por ciento de las mujeres que residen en México se sienten inseguras en la ciudad en la que viven, enmarcando un nivel históricamente alto en el levantamiento de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU).

Entre las 18 ediciones de la ENSU, a cargo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la percepción de inseguridad entre las mujeres no había alcanzado niveles similares. Fue a partir de junio de 2017 que el  porcentaje de mujeres mayores de 18 años que declararon sentirse inseguras superó marginalmente los 80 puntos porcentuales, hasta ubicarse en una cifra récord al cierre del año pasado.

La postura de las autoridades de gobierno termina justificando las atrocidades que comenten los feminicidas al afirmar que “lamentablemente las mujeres, de alguna u otra manera son partícipes dentro del crimen organizado.”  En suma, terminan afirmando entre líneas que las mujeres son culpables de su propia tragedia.

El gobierno ha sucumbido en su responsabilidad de investigar y dar con todos los responsables de estas acciones que rayan en la barbarie. Persisten las prácticas nocivas dentro de la Fiscalía que trivializan las denuncias de las mujeres y las colocan en mayor riesgo ante la inacción de quienes tienen la obligación de investigar.

Además, hay silencio o apatía por parte de las instancias gubernamentales orientadas hacia la mujer. Para ellas el problema está pasando de noche.

Las acciones que se han implementado para prevenir estos hechos lamentables constituyen un motivo adicional de indignación ciudadana: “No salgas de noche, no uses ropa provocativa, no anden solas…”

El ciudadano termina encerrándose mientras el delincuente anda libre. El libre tránsito es un derecho humano, uno debe transitar libremente sin ser objeto de agresiones por su raza, forma  de vestir, extracto social siempre que ello no implique agresiones a terceros.

También se ha propuesto rehabilitar la iluminación, eliminar la maleza en ciertas zonas pero la comisión de estos delitos también ocurre en el día. Se trata de medidas que poco aportan a la seguridad pública.

Decisiones como esta demuestran que las autoridades no han elaborado la radiografía de la violencia y en cambio la han normalizado bajo el pretexto de que  no se cuentan con las suficientes herramientas para poder identificar los focos rojos que hay dentro de un contexto hostil que les permita neutralizar estas fuerzas destructivas y prevenir de manera eficaz los asesinatos, secuestros, extorsiones, cobros de piso y homicidios dolosos.

La violencia hacia las mujeres ocurre en un contexto de violencia contra la ciudadanía en su conjunto, erigiéndose un gobierno de criminales que desplaza al estado de derecho y a las instituciones.

La defensa contra el odio de género debe en el contexto de la defensa contra el odio a los semejantes.

No puede haber paz y los demás alimentan la guerra diría la abuela.