Turisteando

La importancia del turismo en el crecimiento económico es inobjetable particularmente en Guerrero donde la actividad es la columna vertebral de la economía. Sin embargo, queda la duda, en qué medida esa riqueza está impactando sobre el bienestar de los habitantes de la entidad.

En México, ha sido evidente el crecimiento de la desigualdad desde las últimas décadas del siglo 20 y hasta nuestros días. El factor ha estado presente a lo largo de la historia pero su tendencia creciente en los últimos 30 años, prende focos ambar.

Solo de manera coyuntural y atendiendo a ciertas condiciones de vida, los indicadores llegaron a modificarse de manera favorable entre 2010 y 2016.

Los programas de asistencia social instrumentados por el gobierno federal y reforzados por el local, permitieron algunos avances, pero sin solidez.

Los resultados adversos y las complicaciones financieras presentadas entre 2017 y 2018, borraron los avances e incrementaron el número de personas en condición de pobreza,  como lo ha documentado el Coneval.

La explicación es que se modificaron las condiciones del hábitat de las personas (techos y pisos de cemento, paredes de ladrillo)  pero siguieron sin estar integrados a la actividad económica, es decir sin tener ingresos por lo que la carestía de los alimentos y la orientación de la inversión social del gobierno, los devolvió al lugar donde estaban.

En los últimos días, se habló de los preparativos para la edición del Tianguis Turístico en este puerto. Se trata del evento más importante en cuanto a lo comercialización de los destinos del país pero no va acompañado de una clara política pública en materia de turismo en lo que se refiere a Guerrero.

De hecho se olvida que Acapulco solo es la sede del evento, el cual es propiedad y está organizado por la Secretaria de Turismo. Pero se pelea la permanencia de la sedes como si ella modificara la afluencia de paseantes durante el año y con ello mejorara, por si misma,  la dinámica de la economía.

El gran reto no es terminar de anclarse al turismo sino de utilizarlo como palanca para diversificar la actividad productiva en la entidad. A la fecha todos los intentos por lograrlo ha sido infructuosos los datos son contundentes.

Guerrero tiene la tasa más baja de desocupación pero una de las más altas en cuanto al empleo informal. La industria turística genera un 80 por ciento de empleos temporales y apenas 20 por ciento fijos; sin embargo, y muy a pesar de las contracciones turísticas registradas, deja ingresos a miles de acapulqueños y guerrerenses por ser ésta la principal actividad económica.

Guerrero es el estado número 12 en población, el 24 en lo que se refiere a participación de su PIB a la economía nacional, el 31 en producto interno bruto por habitante y el 29 en número de empresas de más de 250 trabajadores.

Su economía representa el 1.43 por ciento de la nacional. Según el Inegi, esta entidad federativa cuenta con 149 mil 220 Unidades Económicas, lo que representa el 3.4 por ciento del total en nuestro país. Sin embargo, el Sistema de Información Empresarial Mexicano (SIEM) llegó a registrar de manera formal únicamente 2 mil 250 empresas.

Todo esto tiene una explicación, la industria turística no se modernizó ni a tiempo ni a destiempo, mientras que otros destinos turísticos sí lo hicieron, en consecuencia, el turismo internacional abandonó a Acapulco desde hace décadas. El nacional, aún nos visita pero por la condición geográfica. La cercanía al Valle de México.

No se ha tomado en cuenta que la población que hace turismo es diferente y tiene otras exigencias; que nuestro producto turístico está avejentado y que el entorno de inseguridad pública imprime una complejidad mayor al problema.

Una edición más del Tianguis Turístico en Acapulco no significa el cambio de condiciones necesarias para terminar con la fragilidad económica de Guerrero particularmente ahora que las visiones regionales están cambiando y el foco de la inversión pública federal también, por lo que podríamos quedar una vez más al margen del desarrollo.

Cuando solo se espera a que las cosas sucedan, se queda uno atrapado en la resignación y el conformismo, diría la abuela.