Ahí viene el magisterio

Un nuevo foco ámbar comienza a prenderse en el panorama político nacional y constituye una presión adicional al gobierno de Andrés Manuel López Obrador: Las protestas del magisterio.

Se trata de una serie de movimientos cuyo horizonte político es la reforma educativa que entrará a debate en 80 días en el pleno del Congreso de la Unión.

En Guerrero y Michoacán se están registrando las primeras y hasta ahora un móvil económico que es el pago de los salarios, prestaciones y pensiones más la demanda de nuevas plazas de trabajo. No tardaran en generarse movilizaciones iguales en Oaxaca y Chiapas.

En todos los casos el punto de origen se ubica en la entrega de plazas sin techo presupuestal y producto más de negociaciones político-clientelares  que de capacidad académica, también la venta y herencia de las plazas, lo que obligó a gobiernos de los estados a endeudarse y desviar recursos destinados a la cobertura de impuestos y cuotas a los servicios medico asistenciales.

Existe un reconocimiento tácito de que el gobierno de Peña Nieto intentó erradicar esos vicios, y una muestra es que más 200 mil profesores ganaron su plaza o promoción por concurso. Pero la pregunta que surge es por qué no pudo arreglar tal problemática.

Se pueden plantear dos conjeturas. Primera, por la oposición beligerante de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y la tibieza de la Secretaría de Gobernación al concederle prebendas. Segunda, la actitud de las autoridades estatales que no apostaron por la reforma.

Hoy la CNTE —aliada del gobierno— quiere volver al pasado y los gobernadores de varios estados sueñan con regresar lo transferido en 1992.

Los gobiernos de los estados están deseos de devolver a la federación la problemática del pago de la nómina y la asignación de los puestos de trabajo. En cualquier caso, el punto de colisión es, será,  la Reforma Educativa en puerta.

La iniciativa del presidente López Obrador, a pesar de que hubo una consulta previa, tiene las características de las políticas que se promueven desde la cúspide del poder y se centra en una disponibilidad de los ascensos sociales a partir de un nuevo orden del conocimiento. Si en el pasado los títulos académicos eran semejantes a los títulos nobiliarios hoy, constituyen un prerrequisito ubicar a la persona en el mercado laboral y determina sus posibilidades de ascenso.

Las posturas para el enfrentamiento están marcadas. La iniciativa en cuestión introduce el principio de equidad, equiparable a los de democracia y solidaridad. También formula que el Estado aplicará una política educativa incluyente. Equidad e inclusión serían, pues, los principios rectores de la nueva política educativa.

López Obrador ya puso en marcha la distribución masiva de La cartilla moral, un opúsculo incomprendido de Alfonso Reyes, que abona a la educación ética y que los líderes de todas las corrientes del SNTE rechazaron por décadas.

La parte magisterial le apuesta a la restauración pasado anterior a la Reforma educativa de Peña Nieto. El punto de coincidencia entre el SNTE y la CNTE radica en que el control de la nómina sea devuelto a los mandos sindicales.

La esencia que debe incluir la reforma en cuestión radica los contenidos de la educación en relación con la nueva realidad social nacional y mundial, los métodos de enseñanza aprendizaje y la participación activa de tres actores clave en el fenómeno educativo que son los maestros, los educando y los padres de familia.

Sin embargo, hasta ahora, tanto Esteban Moctezuma Barragán, secretario de Educación Pública, como López Obrador mismo continúan con el relato del reproche y la oferta de una vida mejor para el magisterio. De vez en cuando aparecen los niños y los jóvenes, casi nunca los padres de familia.

Los agarrones a golpes comienza con el juego de miradas diría la abuela.